A LA CAZA DE FANTASMAS

No se puede explicar un misterio atribuyéndolo a otro misterio. La creencia en lo sobrenatural parece ser un elemento casi universal de la condición humana, pero los detalles de los sistemas de creencias paranormales específicos varían según la cultura y el lugar. Tenemos fantasmas o, al menos, cazadores de fantasmas. Así que no resulta sorprendente que en nuestra época de activistas escépticos, el equipo de investigación de la Sociedad de Escépticos afilaron sus colmillos para investigar a los cazadores de fantasmas.

Al enfrentarse con la industria de los cazafantasmas, se toparon de bruces con Ed y Lorraine Warren, el patriarca y la matriarca de la caza de fantasmas. Ed y Lorraine se dedicaban a la caza de todo tipo de fantasmas (Ed ya ha fallecido), apariciones y demonios así como de personas, lugares y objetos poseídos. La publicidad más reciente del trabajo de Ed y Lorraine ha consistido en dos películas, Expediente Warren: The Conjuring y Expediente Warren: El caso Enfield. Las películas se basan en dos de sus casos más difundidos, el acoso demoníaco de la familia Perron y el poltergeist de Enfield.

El matrimonio Warren afirmó haber estudiado casi cuatro mil casos en las últimas cuatro décadas de la vida de Ed. Alcanzaron fama mundial a través de libros y películas, pero la suerte quiso que vivieran a tan solo un par de pueblos de distancia del nuestro, en Monroe, Connecticut. Los escépticos querían evaluar el fenómeno de los fantasmas (en un sentido genérico, refiriéndonse a todo tipo de manifestaciones espirituales) y ver si existía alguna evidencia que respaldara la hipótesis de la existencia de dicho fenómeno. Los Warren afirmaban disponer de evidencias científicas capaces de demostrar la existencia de los fantasmas, el tipo de afirmación fácil de testar a la que nosotros hincamos nuestros dientes investigadores.

Lo cierto es que, cuando se inició esta investigación, los escépticos se sentían algo intimidados. Los Warren eran famosos , eran toda una sensación en el mundo de los cazadores de fantasmas. Sabían que si querían enfrentarnos a ellos, tenían que ir con cuidado y ser sumamente minuciosos.

Sorprendentemente, se encontraron a una pareja de lo más agradable, unas personas honestas de verdad, así como a una ausencia total de evidencias convincentes. Para ser más precisos, había montones de «evidencias», pero ninguna capaz de superar un examen científico riguroso. Absolutamente ninguna. La mayoría ni siquiera superaba el análisis más somero.

Como todas las pseudociencias, el campo de la caza de fantasmas se presenta categóricamente como una ciencia legítima. Los Warren llamaban a su organización la Sociedad de Investigación Psíquica de Nueva Inglaterra, pero lo único que tenían de organización de «investigación» era el nombre. Todavía tienen presencia en internet y Lorraine sigue dando conferencias sobre fantasmas. Su página web original proclamaba con orgullo que «Nuestra misión es sacar el ámbito de los fenómenos psíquicos de la edad media e introducirlo en la corriente dominante del pensamiento y de la investigación científica y rigurosa».

Pero un examen detallado reveló que sus métodos carecen de los elementos de una investigación científica auténtica e incluso de la pretensión más fundamental de perseguir el rigor científico. En lugar de una búsqueda honesta de la verdad, y al margen de lo que ellos puedan ser, su sociedad solo busca respaldar su asunción previa de que el fenómeno es real.

La investigación empezó con una visita al singular museo de los Warren, instalado en su sótano y considerado el lugar más embrujado de todo el estado. El museo resultó ser una buena representación de la calidad de sus evidencias: todo paripé y nada de sustancia. Durante la visita al museo, Ed advirtió de que no se tocaran ninguno de los objetos de la sala principal, ya que se exponían a una posible posesión. Si se rozaba algo sin querer (algo prácticamente inevitable en un lugar tan abarrotado de cosas), debían avisarles para que pudieran «purificar las auras» antes de irse. La sala era una caótica colección de objetos que los Warren habían obtenido a lo largo de sus cuarenta años de carrera.

Había cuadros, máscaras, estatuillas y muchos libros. Ed contó que el objeto más peligroso de la casa era una muñeca de trapo, Raggedy Ann, que supuestamente seguía poseída por una entidad demoníaca. (Esta muñeca se convirtió en 2017 en la protagonista de su propia película, Annabelle: Creation.) La tenían guardada en una vitrina de cristal por seguridad, y contaron el inquietante relato de un hombre que ignoró las advertencias de Ed, se burló de la muñeca y murió unas horas más tarde en un trágico accidente de motocicleta. Uno de los escépticod tentó al destino mofándose de la muñeca e incluso tocó la vitrina, y de alguna forma logró sobrevivir a la experiencia. Eso sí, veinte años después, se le está empezando a poner gris el pelo.

A Ed le gustaba referirse a la Sociedad de Investigación Psíquica de Nueva Inglaterra como un «instituto teológico», y decía que sus investigaciones estaban íntimamente relacionadas con sus convicciones religiosas. De hecho, una de las primeras cosas que preguntó, igual que hizo con otros escépticos con los que se ha enfrentado en el pasado, fue si creían en Dios, ya que si se carecía de fe no podríamos comprender sus investigaciones.

A Lorraine, quien se define como «sensitiva» o clarividente, también le inquietó la falta de fe. Tal vez el momento más divertido fue cuando nos preguntó: «¿Qué os ha pasado, chicos, (refiriéndose a la falta de fe)? ¿Fue lo de la ciencia?». Pues... sí. Básicamente.

Para entonces ya se conocían bastante bien el fenómeno del «montón de dos metros». Si se pregunta a cualquier creyente auténtico sobre las evidencias del fenómeno en el que creen, te dirigirá a una gran cantidad de evidencias de una calidad ínfima (el mencionado montón de dos metros). Luego insistirá en que las examines atentamente antes de rechazar su poder. Naturalmente, los escépticos tienen su propio lema: por muy alto que llegue un montón de sandeces, no se convertirán en oro. En lugar de dedicar una vida entera a bucear en sus sandeces, suelen solicitar la mejor evidencia de la que dispongan. Si les sorprende, siguen tirando del hilo.

No les piden que demuestren su fenómeno con una sola prueba, sino que enseñen algo convincente. Ante las repetidas solicitudes de examinar algunas de las evidencias que supuestamente respaldaban los fenómenos fantasmales, solían cambiar de tema. Ed pretendía dar una conferencia en vez de presentar las evidencias. Las horas «psíquicas», dijo Ed, eran desde las nueve de la noche hasta las seis de la mañana, y las apariciones más violentas ocurren sobre las tres de la madrugada. ¿Por qué? Porque es un insulto a la Santísima Trinidad. Prosiguió con su discurso explicando que un «fantasma» es una luminiscencia sin forma definida, mientras que una «aparición» presenta forma y rasgos. La infinidad de bolas de luz que hemos visto en fotografías se conocen como «glóbulos fantasmales» y las manchas alargadas son «líneas de luz». Dijo que hay espíritus humanos y que luego están los malos de verdad, los espíritus no humanos. Por supuesto, estos últimos son las esencias de seres que no han vivido jamás, o entidades demoníacas.

Ed también dio varios consejos: lleva siempre contigo un vial de agua bendita para repeler a las entidades, y si una persona poseída te mira a los ojos, nunca seas el primero en retirar la mirada, ya que si lo haces estarás demostrando debilidad. Y siguió con el discurso, plagado de reglas y jerga del oficio.

LAS EVIDENCIAS FOTOGRÁFICAS

Al final lograron ver algunas evidencias. La inmensa mayoría de las evidencias físicas de los Warren son fotografías. Tienen cientos de imágenes de fantasmas capturadas por ellos y sus colaboradores. La mayor parte de estas fotografías no son más que manchas de luz en una película (para quienes sean demasiado jóvenes para recordarla, la película es una tecnología arcaica que se usaba para capturar imágenes antes de las cámaras digitales). Hay decenas de maneras de obtener este tipo de artefactos lumínicos en la película, pero la mayoría entran en estas tres categorías: el rebote del flash, la difracción de la luz o las correas de la cámara. Las infrecuentes exposiciones dobles o múltiples dan lugar a fotografías más interesantes, pero no dejan de ser artefactos fotográficos. Cabe señalar que en casi todos los casos de fotografías de fantasmas, el fantasma no se ve en el momento de sacar la instantánea. El fantasma o el glóbulo o la línea no aparece hasta que se revela la fotografía, un fuerte indicio de que la imagen es el resultado de un artefacto fotográfico.

El rebote del flash no es más que la luz del flash de la cámara reflejada en la lente, lo que da lugar a una región difusa y sobreexpuesta en la película. El resultado suele ser un punto de luz tenue y borroso. Detectar cuándo se usó flash es fácil gracias a las sombras nítidas que se crean y porque los objetos que aparecen en primer plano están muy iluminados. En una ocasión, la página web de los Warren llegó incluso a sugerir que usar flash ayuda a crear fotografías de fantasmas, y que «cuanto más brille el flash, mejor». También recomendaba usar un objeto en el primer plano, algo que reflejara el flash, aunque admiten que es algo paradójico, especialmente porque su argumento es que estas fotografías son el resultado de imágenes creadas psíquicamente. Sin embargo, no se menciona ni admite en ningún momento que las imágenes de luz puedan ser el resultado de un artefacto fotográfico provocado por el flash.

Los llamados «glóbulos fantasmales» son esferas de luz y no las formas tenues que ya hemos visto. Sin embargo, es curioso cómo las imágenes recuerdan a la difracción de la luz alrededor de un punto de origen. Una ligera condensación en la lente basta para generar una producción masiva de glóbulos fantasmales. Bajo las condiciones adecuadas, cualquier fuente de luz específica puede provocar este efecto.

Antes de la era de las cámaras de los teléfonos móviles, las cámaras de fotos casi siempre venían con una correa o un cordón. Esto condujo a lo que el investigador paranormal Joe Nickell llamó «el efecto de la correa de la cámara». Es muy fácil que la correa o el cordón de una cámara caiga delante de la lente, algo que pasaría desapercibido en las cámaras en las que no se mira a través de la lente sino por un visor independiente. Incluso las correas negras parecen manchas blancas o rayos de luz cuando reflejan la luz del flash.

Los escépticos lograron reproducir este efecto al primer intento, y crearon una fotografía «fantasmal» tan buena como cualquier otra que hayamos visto. Por descontado, no hace falta una correa para crear el efecto de la correa de la cámara; cualquier objeto que obstruya la lente de cerca sirve, incluso tu propio dedo.

La era de la fotografía digital ha creado algunas fuentes nuevas de artefactos fotográficos. En la página web de los Warren y de otros cazadores de fantasmas se pueden encontrar una gran cantidad de estos frecuentes artefactos. Asimismo, todas estas páginas muestran una nula consideración de cualquier explicación alternativa que no tenga que ver con las capturas reales de fantasmas. No hay rastro de investigación sobre las fuentes naturales, no hay escepticismo... en realidad, no hay diálogo alguno. Solo contienen el simple e incontestable dictamen de que estas manchas de luz son evidencias de lo paranormal.

EVIDENCIAS EN VÍDEO

La otra evidencia que los Warren tuvieron a bien compartir fue un vídeo. Su plato fuerte es el vídeo de Ed de la famosa Mujer de Blanco del Cementerio Union en Easton, Connecticut. Solo se pudo ver esta cinta en casa de los Warren, porque Ed se negó a dar una copia para que pudiera analizarse, un hecho recurrente en nuestra investigación. La cinta muestra una aparente figura humana blanca que se mueve detrás de unas lápidas. No obstante, e igual que ocurre en los vídeos de ovnis, del yeti y del monstruo del lago Ness, la figura se encuentra a la distancia y resolución idóneas para que se vea una forma sugestiva pero ningún detalle que pueda ayudar a identificarla de forma definitiva. Ed Warren no había aplicado ningún rigor científico a su investigación del vídeo y se negaba a dejar que otros lo hicieran. A pesar de la insistencia de Ed en que su ocupación era la investigación científica, guardaba con recelo sus supuestas evidencias en lugar de permitir que fueran analizadas de forma crítica.

Sin embargo, otro investigador que colaboraba con los Warren proporcionó una de sus evidencias en vídeo, la cual mostraba a un hombre «desmaterializándose» y había sido grabada con una cámara instalada en un salón en plena noche durante una de sus investigaciones. En la cinta, un hombre joven entra en la habitación, se rasca la cabeza y ¡puf!, desaparece. A este extraordinario suceso enseguida le sigue una «luz fantasmal» que aparece momentáneamente en la ventana en el fondo de la escena.

Los escépticos aceptaron encantados la cinta y la sometieron a un análisis profesional. El informe del análisis dice lo siguiente:

En este segmento de la cinta se observa un borrado. Aunque existen diversos métodos en la edición de vídeo que permiten lograr un efecto de borrado, en este caso se ha empleado el más sencillo de todos. De forma deliberada o accidental, la cámara de vídeo dejó de grabar en el último fotograma de la persona en la habitación y reinició la grabación unos segundos después de que la persona hubiera salido del campo de visión de la cámara. En la observación relacionada, las propiedades de la luz por sí solas podrían dar pie a un centenar de explicaciones diferentes para el misterioso «punto» de luz que aparece unos segundos después de que el hombre haya «desaparecido». Sin embargo, creemos que este punto de luz fue causado por el reflejo en la ventana del salón de los faros de un coche que pasó por allí. Los faros de dicho coche se pueden apreciar al observar el lado derecho de la pantalla justo después de que se apague el «punto» de luz.

Así que la única evidencia que se ofreció resultó estar muy lejos de ser convincente. En realidad, lo más probable es que se tratara de un simple fallo de la cámara. Incluso un análisis superficial de esta cinta habría revelado la misma información a los Warren, pero ningún miembro de su red de investigadores se preocupó por estudiarlo. En lugar de seguir este obvio primer paso, uno de sus investigadores se limitó a declarar que la «luz fantasmal» era «inexplicable». Además, ninguna de las personas que aparecían en la cinta fueron conscientes de que había ocurrido algo hasta el día siguiente, cuando vieron la cinta (he aquí la huella dactilar de un artefacto), ni siquiera el joven que supuestamente se había desmaterializado.

Ed arriesgó gravemente su credibilidad al ver la cinta y, sin ningún tipo de verificación, afirmar que los expertos «solo han llegado a una conclusión: ese chico desapareció». A pesar de múltiples intentos de examinar otras evidencias físicas que los Warren dicen poseer, lo único que se dio fueron excusas como «La película fue borrada», «Las personas que aparecen en la grabación quieren privacidad», «Acabábamos de apagar el equipo de grabación cuando...». Tras «investigar» un fenómeno durante cuarenta años, tenían muy poca cosa que respaldara su existencia.

TESTIGOS OCULARES

El despliegue de evidencias físicas de baja calidad de los Warren se veía muy superado en número por sus copiosas evidencias anecdóticas. Son grandes narradores de historias de fantasmas, lo que contribuyó en gran medida a su popularidad en el circuito de conferencias. Sin embargo, no parecían entender que la cuestión de la existencia de los fantasmas jamás podrá apoyarse únicamente en las historias.

En este sentido, los Warren son una representación típica de la mayoría de las personas, a quienes una historia apasionante les convence y carecen de una comprensión profunda de la poca fiabilidad de la memoria y de la percepción humanas. Como ya hemos visto, la percepción y la memoria son falibles. Los «testigos fiables» no existen.

Además, muchos avistamientos o interacciones con una supuesta entidad (ya sea un fantasma o un alienígena) ocurren en el dormitorio, bien a altas horas de la noche o por la mañana temprano, es decir, en lugares y horarios relacionados con el sueño o, para ser más precisos, con el estado de vigilia.

Un ejemplo clásico es el de Jack Smirle, a quien los propios Warren investigaron. Smirle contaba que un día se despertó muy temprano, paralizado y abrumado por el terror. Sintió la presencia de una entidad en su habitación, y entonces fue violado por un fantasma. Cuando le ofrecieron la explicación alternativa de la hipnagogia a Ed, pareció intrigado. «Pero —prosiguió, seguro de sí mismo—, ¿y qué hay de la presión que sintió la víctima en el pecho cuando la entidad estaba tratando de entrar en su interior?» Hubo que contarle a Ed que la presión en el pecho y la falta de aliento son aspectos bien documentados de la hipnagogia.

Muchas investigaciones de casas encantadas se llevan a cabo a altas horas de la madrugada. Se suele llamar a los investigadores para que pasen allí la noche, lo que provoca privación del sueño. En el estado de privación del sueño, nuestros cerebros son enormemente susceptibles a las alucinaciones, una fuente fértil de experiencias fantasmagóricas. La imaginación humana es otra fuente fecunda. Cada persona tiene una capacidad imaginativa distinta. En un extremo del espectro están los individuos que son especialmente propensos a la fantasía. Esta propensión, sumada al deseo de creer y a la inmersión en un sistema de creencias que goza del apoyo de un grupo, puede llevar a estas personas a generar una enorme cantidad de experiencias supuestamente paranormales.

Es razonable pensar que los grupos como el de los Warren atrae a este tipo de personas. Gracias a su amplia visibilidad, la posibilidad de «filtrar» involuntariamente a muchas personas es muy elevada. Cientos o miles de personas asistirán a una de sus conferencias en un año. De todas ellas, decenas harán el esfuerzo de apuntarse a una de sus clases semanales. A las que llevan asistiendo durante un largo período de tiempo las invitan a asistir a sus investigaciones. Y de entre este último grupo, unas pocas son consideradas «sensitivas», lo que significa que pueden ver cosas que los demás no ven.

No esperamos que todo el mundo esté versado en la hipnagogia, en los efectos de la privación del sueño y en los caprichos de la imaginación humana, pero sí lo esperamos de alguien que afirme estar llevando a cabo una investigación científica en un campo en el que dichos fenómenos juegan un papel importante. Aunque Ed decía que sus críticos son de mente cerrada, él mismo rechazó sin pensárselo dos veces las explicaciones alternativas de sus evidencias y no llevó a cabo ninguna investigación que tuviera el potencial de refutar dichas alternativas.

La primera lección que aprendimos, y que ha sido reforzada muchas veces desde entonces, es que quienes difunden afirmaciones paranormales y pseudocientíficas son de lo más decepcionantes. Resulta que no teníamos motivos para sentirnos intimidados por los Warren. En lugar de los formidables académicos de las películas, nos encontramos con una pareja mayor que no tenía ni idea y que había logrado ganarse la vida contando historias de fantasmas.

También aprendimos que los aspectos específicos de una creencia concreta no tienen demasiada importancia. Las personas cometen los mismos errores mentales una y otra vez. Los fantasmas están un poco pasados de moda, aunque volvieron más o menos a la palestra gracias a las películas japonesas y a las de episodios paranormales. Y lo mismo ocurre con los médiums, los cazadores del yeti, los entusiastas de los ovnis, los que creen en las experiencias cercanas a la muerte, los negacionistas de las vacunas o el tipo ese del tiempo cúbico.

Las falacias son las mismas, solo cambian los detalles. La popularidad de ciertas creencias varía con el tiempo y según la región, pero los viejos clásicos siempre vuelven.

Y nosotros, los escépticos, estaremos esperando.

                                                                                                                                                                                      © JAVIER DE LUCAS