CONFERENCIA DE
CUERDAS

En los últimos veinte años (más
específicamente a partir de 1985), gran parte de los físicos teóricos de altas
energías fueron atraídos por las propiedades de la teoría de cuerdas. El motivo
de esta atracción es que la teoría de cuerdas o supercuerdas es el primer
candidato posible para una teoría final. Por eso ha sido llamada Teoría del
Todo o Teoría Final. ¿Qué significa una teoría final? La física busca verdades
universales sobre la naturaleza. Cuando estas verdades se encuentran, se trata
de explicarlas en base a principios más profundos, a verdades más
fundamentales, a partir de las cuales poder deducir las anteriores. El punto
inicial de todas las explicaciones es lo que se entiende por teoría final.
Esta reducción a principios cada
vez más elementales, más básicos, se ha dado en la física históricamente a
través de unificaciones de teorías previas. Esta tendencia a la descripción
unificada de fenómenos considerados previamente independientes, la búsqueda de
principios aglutinadores, permitió persistentemente explicar más hechos que los
contenidos originalmente en las partes que se intentaba ensamblar. Este sueño
de encontrar un principio básico a partir del cual poder explicar el universo
no comienza en el siglo XX. La Humanidad ha buscado, desde épocas muy remotas,
explicar las diversas manifestaciones de la naturaleza como diferentes aspectos
de un mismo fenómeno (o conjunto de fenómenos). En Occidente el origen de estas
ideas se remonta a los presocráticos (los elementos fundamentales eran para
ellos agua, aire, tierra, fuego). La primera teoría final fue el atomismo
griego, construido por Leucipo y Demócrito en el siglo V a.C. Pero hay una
diferencia muy importante entre estas teorías antiguas y las modernas teorías
científicas: la actual exigencia de verificación experimental. Una explicación
científica moderna debe contener una comprensión cuantitativa de los fenómenos.
En la actualidad la búsqueda de la teoría final se realiza en el contexto de la
física de altas energías. Todavía no tenemos esta teoría, y ni siquiera estamos
cerca de descubrirla. Sólo tenemos algunos indicios que vamos a tratar de
describir en esta charla. Esta conferencia está organizada de la siguiente
manera:
En la primera parte vamos a
describir brevemente la teoría de cuerdas, indicando sus diferencias con
teorías anteriores y resumiendo de qué manera resuelve los problemas de estas
teorías previas. En esta parte vamos a utilizar algunos conceptos e ideas que
tal vez no les resulten familiares a algunos de Uds. Pero en la segunda parte
volveremos sobre ellos y trataremos de ir clarificándolos. Luego haremos una
breve historia de la física del siglo XX para tratar de explicar por qué la
búsqueda de la teoría final se da en el contexto de la física de altas energías
y para analizar los aspectos básicos de las principales unificaciones logradas.
Veremos en un ejemplo sencillo, de qué manera la física relevante a altas
energías nos permite comprender la naturaleza y qué tipo de preguntas trata de
responder la teoría de cuerdas.
Las que les mostré son cuerdas
ordinarias. Las cuerdas fundamentales a las que nos referimos en esta charla,
al igual que aquellas, son objetos unidimensionales. En esto, constituyen una
importante ruptura con las teorías previas que, invariablemente, modelaban la
materia en términos de partículas puntuales. El tamaño de las cuerdas
fundamentales es extremadamente pequeño (de la escala de Planck: 10-33
cm), pero lo importante es que no son puntuales, tienen una dimensión. Pueden
ser abiertas, con extremos o cerradas. Por supuesto las cuerdas ordinarias
(estas que tengo aquí) están compuestas de partículas como protones, neutrones
y electrones, pero estas nuevas cuerdas fundamentales son diferentes; ellas
son las cosas de las que están hechas los protones y neutrones.
A medida que viajan en el espacio
y el tiempo las cuerdas vibran. Cada cuerda se puede encontrar en cualquier
estado posible de infinitos estados de vibración, como los tonos de una cuerda
de violín. Las cuerdas se supone que son muy pequeñas, entonces cuando se las
mira de lejos, parecen partículas puntuales. Como una cuerda puede estar en
cualquiera de infinitos modos de vibración es como una partícula que puede
pertenecer a cualquiera de un número infinito de especies correspondiente al
modo en que la cuerda está vibrando. Los distintos armónicos de una cuerda de
violín son esenciales para la riqueza del sonido y corresponden a diferentes
sonidos. En el caso de las cuerdas fundamentales que nos ocupan, los distintos
armónicos corresponden a diferentes partículas elementales: el electrón, el
gravitón, el fotón y todas las demás, de la misma manera que los distintos
tonos de la cuerda de violín.
Por esta propiedad, la de
contener todas las partículas de la naturaleza de manera consistente con la
mecánica cuántica, incluyendo el gravitón, la teoría de cuerdas fue denominada
“teoría de todo”. Las teorías previas que modelaban la materia en base a
partículas puntuales se llaman teorías cuánticas de campos. El lenguaje de
estas teorías son estos dibujos, llamados diagramas de Feynman, que describen
las interacciones de partículas. Los diagramas de Feynman pueden pensarse como
la historia real de partículas puntuales que se propagan en el espacio y el
tiempo y que se unen y se separan en los puntos de interacción. Uno de los
problemas más serios de la física de partículas es el de los infinitos que se
originan en estos puntos de interacción (las masas y las cargas de las
partículas que interactúan resultan infinitos).
Consideremos por ejemplo un
electrón. El electrón es fuente (origen) de campos eléctrico, magnético y
gravitatorio. La energía de sus campos eléctrico y gravitatorio es infinita.
Las teorías de campos que describen partículas puntuales están plagadas de
cantidades de magnitud infinita (divergencias). Estos infinitos son molestos
pero pueden “absorberse” en algunas teorías cuánticas mediante redefiniciones y
finalmente, los objetos físicos (carga, masa, energía), resultan bien
definidos. Sin embargo, esta “renormalización” (como se denomina el proceso de
sustracción de infinitos) no se puede realizar para el campo gravitatorio del
electrón, si éste se considera una partícula puntual. Las teorías cuánticas de
campos son inconsistentes (no renormalizables) en presencia de la gravedad. En
particular la teoría de campos cuántica de la gravedad es no renormalizable (o
no es renormalizable). Las teorías de partículas puntuales también presentan
otras enfermedades llamadas “anomalías” (de las que no vamos a hablar).
La diferencia crucial con las
teorías de cuerdas es que, mientras en el caso de las partículas hay un punto
bien definido, en el que ocurre la división, cuando una cuerda se separa en dos
no hay una noción bien definida de cuándo y dónde esto sucede. Esta diferencia
tiene muchas consecuencias. En primer lugar, en la teoría de cuerdas el
electrón ya no es puntual, sino una pequeña cuerda vibrante. La dimensión extra
de la cuerda permite darle sentido al campo gravitatorio del electrón. Y lo
mismo sucede con todas las partículas elementales, que en la teoría de cuerdas
son pequeñas cuerdas vibrantes. Tampoco las cuerdas tienen “anomalías”, como
aparecen en las teorías de campos de partículas.
El entusiasmo creció cuando se
mostró que el límite de partículas de una de esas teorías tenía un parecido
notable con el Modelo Estándar de las interacciones fundamentales y reproducía
la Relatividad General. Estas son las teorías aceptadas actualmente para
describir las interacciones fundamentales, en el sentido que han pasado todos
los tests experimentales a que han sido sometidas. Estas propiedades fueron
establecidas en 1985, año en que se produjo la llamada Primera Revolución de
las Cuerdas.
Aunque se puede pensar en muchas
posibles teorías de cuerdas resulta que hasta el año 1995 sólo cinco tipos
específicos pasaban el test de consistencia matemática. En ese año comenzaron a
descubrirse relaciones entre estas cinco teorías (simetrías de dualidad)
que permiten suponer actualmente la existencia de una única teoría, la teoría
M, de la cual las cinco teorías de supercuerdas se obtienen bajo ciertas
condiciones particulares. Esto es otra mejora sustancial respecto de las
teorías de partículas anteriores, que son muchísimas. Es una mejora con
respecto a las predicciones que puede hacer la teoría, porque al estar muy
acotada por cuestiones de consistencia matemática, la verificación experimental
de estas predicciones se transforma en un test decisivo para la viabilidad de
la teoría. No es posible hacerle modificaciones sin violar los principios
básicos que sustentan la teoría. Tan importante fue el descubrimiento de estas
simetrías de dualidad que 1995 se considera el año de la Segunda Revolución de
las Cuerdas.
Pero no todo es tan bonito. Hay
algunos importantes problemas.

Las 5 teorías son consistentes en
un espacio de 9 dimensiones (más el tiempo, es decir 10 dimensiones
espacio-temporales) y la teoría M parece vivir en un espacio de 10 dimensiones
(11 dimensiones espacio-temporales). Cualquier análisis de viabilidad u
obtención de predicciones experimentales requiere comprender cómo se relaciona
la física en 3 dimensiones, las 3 dimensiones cotidianas, las que percibimos en
nuestro universo (más el tiempo), con la física en 9 o 10 dimensiones. Para
poder extraer conclusiones realistas es necesario suponer que 6 (o 7) de estas
dimensiones son invisibles y sólo se manifiestan 4 (3 espaciales y el tiempo).
La aparición de un número mayor de dimensiones que las que podemos apreciar
cotidianamente, no es nueva. Vamos a ver más adelante que el primer intento de
unificación realizado en el siglo XX, que pretendía describir la gravedad y el
electromagnetismo en un marco común, unificado, requería un espacio de 4
dimensiones (además del tiempo, es decir 5 dimensiones espacio-temporales). La
idea es que la dimensión extra es muy pequeña y está enrollada: como si
miráramos un caño de lejos: parece ser una línea. Pero si nos acercamos se ve
que en realidad tiene una estructura en otra dimensión.
Pero el problema en la teoría de
cuerdas es que las predicciones experimentales dependen de cómo sean las 6 (o
7) dimensiones extra, de cómo se realice esta “compactificación” (nombre
técnico que describe este proceso de enrollar las dimensiones). Y aquí está uno
de los problemas más importantes que todavía deben ser resueltos: existen
muchas, demasiadas, posibilidades de realizar esta transición de 10 (u 11) a 4
dimensiones. Y muchas de ellas son consistentes con la fenomenología observada
experimentalmente. En su estado actual, la teoría no permite elegir entre
distintas soluciones de otra manera que no sea el contraste con el experimento,
cual es la versión que ajusta mejor a la naturaleza; pero no hay un criterio,
un principio, para decidir si una es mejor que la otra en 4 dimensiones. Esto
lleva a pensar que, en realidad, todavía no existe una buena formulación de la
teoría. En particular, los cálculos pueden hacerse sólo de manera aproximada,
de una forma llamada “perturbativa”. Es posible que una formulación que
produzca resultados exactos elimine muchas de estas soluciones aproximadas. La
esperanza es que elimine todas excepto una: la que corresponde a la naturaleza.
A partir de 1995 se han descubierto varias propiedades de esta supuesta teoría,
llamada teoría M. Se encontraron ciertas relaciones entre las 5 teorías
consistentes de supercuerdas en 9 dimensiones y los miles de teorías de
partículas que se derivan de ellas en 3 dimensiones.
Además de cuerdas, la teoría M
contiene otros objetos extendidos de mayor dimensionalidad (membranas de 2
dimensiones, objetos de 3 o más dimensiones espaciales), igualmente
fundamentales. Todos ellos viviendo en 11 dimensiones. La idea que existe
actualmente entre los físicos de cuerdas es que no se conocen todavía los
principios fundamentales que sustentan las ecuaciones. Hasta aquí hicimos una
descripción superficial de la teoría de cuerdas. Tratemos ahora de profundizar
un poco más y de aclarar algunos conceptos que hemos usado sin explicar. Para
ello parece conveniente hacer una breve historia de la física, con especial
atención a la física moderna contemporánea y en particular a la situación
existente en el momento de la formulación de la teoría de cuerdas.
Empecemos con el nacimiento de la
física.
La mecánica de Newton, en el
siglo XVII, marca el comienzo de la ciencia moderna. Newton comenzó el sueño
moderno de una teoría final. La mecánica newtoniana postula la unicidad de las
leyes que rigen el movimiento de los cuerpos celestes y el de los terrestres,
la unicidad de las leyes del movimiento y de la gravitación universal. No es
casual que la gravedad marque el comienzo. Es la más familiar de las fuerzas,
la única fuerza universal, es decir que actúa entre todas las partículas
sin excepción (todos sabemos que si soltamos cualquier objeto que estamos
sosteniendo, este cae por la fuerza de la gravedad). Su fuente (el origen de
esta fuerza) es la masa de la partícula (de la Tierra en el caso de los objetos
que caen) y su intensidad es proporcional a ella. La gravedad es atractiva y de
“largo alcance” pues actúa a grandes distancias (incluso intergalácticas,
cosmológicas).
Newton concebía la gravedad como
una “acción a distancia”, es decir una partícula actúa sobre otra directa e
instantáneamente a través del espacio, con una fuerza proporcional al producto
de las masas de las partículas y que disminuye como el cuadrado de la distancia
que las separa.
La concepción moderna postula en
cambio que la gravedad es geometría. En efecto, la teoría de la relatividad de
Einstein concibe al campo gravitatorio como un campo de distorsión geométrica o
una curvatura del espacio-tiempo. En la Teoría Especial de la Relatividad
(1905) Einstein modificó las nociones de espacio y de tiempo absolutos de
Newton, introduciendo el concepto de espacio-tiempo, en que el tiempo aparece
como una dimensión más, en un pie de igualdad con las dimensiones espaciales. Y
en su Teoría de Relatividad General (1915) trató de encajar la teoría de la
gravedad en esta nueva visión. Tenía para ello algunos indicios, por ejemplo el
notable descubrimiento de Galileo que el movimiento de cuerpos pequeños debido
a la gravedad es independiente de la naturaleza de los cuerpos. Esto le sugirió
que la gravedad podría ser una propiedad del propio espacio-tiempo. Muy
brevemente, en lugar de la imagen newtoniana de la gravitación como una
atracción entre todos los cuerpos masivos, la RG describe la gravitación como
un efecto de la curvatura del espacio-tiempo producida por la materia y la
energía. El concepto de campo, muy importante en la descripción de todas las
fuerzas, se basa en la noción de que toda partícula es la fuente de un campo
tal que cualquier otra partícula que se encuentre dentro de su rango de acción
experimenta una fuerza proporcional a la intensidad del campo en ese punto.
Todas las partículas originan un campo gravitatorio. Así por ejemplo, el Sol
curva el espacio-tiempo a su alrededor y la órbita terrestre es consecuencia de
este efecto geométrico.
La RG resolvió un antiguo
conflicto de la teoría de Newton: la precesión del perihelio de Mercurio. Y
predijo nuevos fenómenos que fueron observados con posterioridad a la
formulación de la teoría: la curvatura en la trayectoria de los rayos de luz
producida por el Sol, predicha por la teoría, fue medida por primera vez en
1919. Desde entonces se han acumulado más pruebas y hoy podemos afirmar que la
RG es la teoría que describe satisfactoriamente el campo gravitatorio.
Es interesante analizar en más
detalle estas dos teorías. La física de Newton explica virtualmente todos los
movimientos observados en el sistema solar, pero a costa de introducir algunas
suposiciones arbitrarias. Por ejemplo volvamos a la ley del cuadrado inverso.
En la teoría de Newton no hay nada que obligue particularmente a esta ley.
Newton desarrolló esta idea para explicar hechos conocidos sobre el sistema
solar, como por ejemplo la ley de Kepler entre el tamaño de las órbitas
planetarias y el tiempo que les lleva a los planetas dar una vuelta alrededor
del Sol. Si se reemplazara el dos por un tres o un 5.8 nada cambiaría en el
marco conceptual de la teoría (aunque las observaciones no podrían explicarse).
En la teoría de Einstein en cambio no hay tanta arbitrariedad. Para cuerpos en
movimiento lento en campos gravitacionales débiles, para los cuales se puede
hablar de una fuerza gravitacional newtoniana, la RG requiere que esta fuerza
vaya como el cuadrado inverso (RG=>Newton).
No es posible en la RG ajustar la
teoría para obtener otra cosa que no sea la ley del cuadrado inverso sin violar
alguno de los principios básicos de la teoría. También enfatizó el propio
Einstein que el hecho que la fuerza de gravedad sobre objetos pequeños sea
proporcional a su masa y no dependa de ninguna otra propiedad del objeto es muy
arbitrario en la teoría de Newton. La fuerza gravitacional podría haber
dependido de la composición química, el tamaño o la forma del objeto sin
afectar la base conceptual de la teoría newtoniana. En la teoría de Einstein la
fuerza que la gravedad ejerce sobre cualquier objeto debe ser proporcional a su
masa e independiente de cualquier otra propiedad. Si no fuera así no se podría
interpretar la gravitación como un efecto geométrico de la curvatura del espacio-tiempo.
La teoría de Einstein es más rígida.
Retomemos la línea histórica. Las
siguientes fuerzas estudiadas cronológicamente fueron la electricidad y el
magnetismo. Si bien estos fenómenos eran conocidos desde la antigüedad, a
finales del siglo XIX fueron concebidos en el marco de una teoría común. La
carga eléctrica es la fuente (el origen) de estas fuerzas, y por eso no es esta
una interacción universal como la gravitatoria, sino que sólo actúa entre
partículas cargadas. Su intensidad es enorme comparada con la gravitatoria (la
fuerza gravitatoria entre un electrón y un protón, por ejemplo, es unas 1040
veces más débil que la fuerza eléctrica entre ellos), pero como las cargas son
positivas y negativas hay una tendencia a la cancelación, y por eso la gravedad
domina el universo a grandes escalas.

El electromagnetismo fue
formulado por Maxwell (alrededor de 1850) al descubrir que la electricidad y el
magnetismo son en realidad distintos aspectos del campo electromagnético. Un
cuerpo cargado eléctricamente crea un campo electromagnético que ejerce fuerzas
eléctrica y magnética sobre otros cuerpos cargados. Maxwell calculó que la
velocidad de propagación de un campo electromagnético es la de la luz y propuso
entonces que la luz es un fenómeno electromagnético. Como las cargas pueden
oscilar con cualquier frecuencia Maxwell concluyó que la luz visible forma sólo
una pequeña parte de todo el espectro de radiación electromagnética (que hoy
sabemos que incluye ondas de radio, luz UV, infrarroja, rayos X, etc.).
Con esta teoría se alcanzó una
sensación de completitud. A fines del siglo XIX se pensaba que sólo había que
calcular más precisamente, aproximar con más cifras decimales, pero que no
había más principios ni leyes por descubrir. La gravedad y el electromagnetismo
son efectivamente las más familiares de las interacciones fundamentales y con
estas leyes podían explicarse todos los fenómenos cotidianos.
Como ya dijimos, la primera
teoría unificadora en el siglo XX involucraba la gravitación de Einstein y el electromagnetismo
de Maxwell. Se hizo en el marco de una idea que actualmente se retoma en la
teoría de cuerdas: aumentar el número de dimensiones del espacio-tiempo.
El primer intento de unificación
en la física de este siglo se remonta a 1921 cuando Kaluza, poco después que
Einstein publicara su teoría de la relatividad, propuso unificar las
interacciones gravitatorias y electromagnéticas agregando una dimensión extra
al espacio-tiempo. Kaluza escribió las ecuaciones del campo gravitatorio en 5
dimensiones, agregando simplemente una dimensión espacial imaginaria. El
resultado fue muy interesante: vistas en 4 dimensiones (compactificando una
dimensión, como explicamos antes) las ecuaciones de Einstein reproducen las
ecuaciones gravitatorias y además otro conjunto de ecuaciones que
resultan ser precisamente las ecuaciones de Maxwell para el campo
electromagnético. Así, formulando la RG en 5 dimensiones se pueden obtener la
gravedad y el electromagnetismo en una única teoría. Sin embargo, nosotros sólo
percibimos 4 dimensiones. La interpretación de esta dimensión extra, propuesta
por Klein en 1926, es que la dimensión extra es muy pequeña y está enrollada,
pero no dentro del espacio cuatridimensional, sino de manera tal que lo
extiende. Klein calculó la circunferencia de esta dimensión enrollada alrededor
de la quinta dimensión y resultó ser de 10-33 cm (la longitud de
Planck), es decir mucho más pequeña que cualquier estructura que se haya
observado, incluso en la física de las partículas subnucleares.
Con el descubrimiento de las
interacciones fuertes y débiles alrededor de 1930 la teoría de Kaluza-Klein
perdió mucho de su atractivo: una teoría unificada debería contener cuatro
fuerzas, no sólo dos. Las 5 dimensiones eran insuficientes. En realidad para
incluir estas dos fuerzas adicionales en una idea semejante, hacen falta
justamente 10 u 11 dimensiones. La misma cantidad que requiere la teoría de
cuerdas.
Pero retomemos el hilo histórico.
Dijimos que a finales del siglo XIX había entre los físicos una sensación de
que ya podían explicarse todos los fenómenos conocidos en base a las leyes de
Newton y el electromagnetismo de Maxwell. Pero en 1895 se descubrieron los
rayos X, en 1896 la radiactividad, Thompson descubrió el electrón en 1897 y
esto indicó que había nuevas cosas por descubrir estudiando radiación de
distintos tipos. En 1905 Einstein presentó la teoría especial de la
relatividad, pero además sugirió un nuevo método para demostrar la existencia
de los átomos e interpretó resultados anteriores sobre la radiación calórica en
términos de una nueva partícula que más tarde se llamó fotón. Se sucedieron
entonces una serie de importantes avances: en 1911 Rutherford presentó su
modelo atómico, semejante al sistema solar (pequeños núcleos rodeados de nubes de
electrones); en 1913 Bohr explicó el espectro del átomo más sencillo, el
hidrógeno. De nuevo se empezó a pensar en la posibilidad de una teoría
unificadora de toda la física. Y el marco adecuado lo proveyó uno de los hitos
más importantes de la física del siglo XX: el descubrimiento de la mecánica
cuántica en 1900.
La mecánica cuántica introdujo la
modificación más radical en el pensamiento físico: las partículas y fuerzas
newtonianas fueron reemplazadas por funciones de onda y probabilidades y esto
hizo posible calcular las propiedades, no sólo de los átomos individuales y sus
interacciones con la radiación, sino también de átomos combinados en moléculas.
Se hizo evidente que las reacciones químicas son lo que son por las
interacciones eléctricas de los electrones y núcleos atómicos. Tan importante
es la mecánica cuántica en la física moderna que toda la física se divide, a
partir de ella, en clásica (o no cuántica) y cuántica.
Una de las primeras aplicaciones
de la MC fue calcular que la energía de los campos magnéticos y eléctricos en
un rayo de luz viene en paquetes que se comportan como partículas. En
consecuencia justifica los fotones de Einstein.
Otro ingrediente de esta teoría
es el resultado de Dirac de 1928 según el cual la descripción de los electrones
en términos de funciones de onda es consistente con la teoría especial de la
relatividad. Una consecuencia de esta observación de Dirac es que para cada
tipo de partícula cargada (como el electrón) debe haber otra especie con igual
masa pero carga opuesta: la antimateria. En 1932 se midió el positrón (la
antipartícula del electrón).
La teoría cuántica de los
electrones y los fotones es la QED. La QED se usó en los años veinte y
principios de los treinta para calcular varios fenómenos (colisiones de fotones
con electrones, de un electrón con otro, la aniquilación o producción de un
electrón y un positrón) con resultados sorprendentemente de acuerdo con el
experimento.
Pero pronto apareció un nuevo
problema: los primeros cálculos cuánticos de energías atómicas habían dado
resultados coincidentes con los experimentos. Pero cuando la mecánica cuántica
se aplicó no sólo a los electrones en los átomos sino a los campos eléctricos y
magnéticos que producen, resultó que el electrón tenía energía infinita. Aparecieron
otros infinitos en los cálculos y por cuatro décadas este resultado absurdo
pareció el obstáculo más grande para el progreso de la física.
A mediados de los años treinta se
consideraba que la QED era sólo una aproximación a la teoría completa, válida
sólo para procesos que involucran fotones, electrones y positrones de energía
suficientemente baja. Había problemas de consistencia interna debido a la
aparición de los infinitos.
La solución al problema de los
infinitos apareció a fines de los años cuarenta y resultó consecuencia de otra
unificación. En 1940 fue posible unificar la Mecánica Cuántica con la
Relatividad Especial. Los principios de estas dos teorías son casi
incompatibles entre sí y pueden coexistir sólo en un tipo muy limitado de teorías.
En la mecánica cuántica no relativista podíamos imaginar cualquier tipo de
fuerzas entre los electrones y los núcleos atómicos, pero esto no es posible en
una teoría relativista. Las fuerzas o interacciones entre partículas sólo
pueden aparecer por intercambio de otras partículas. Todas estas partículas son
paquetes de energía o “cuantos” de varios tipos de campos.
Hay un campo para cada especie de
partícula elemental. Hay un campo eléctrico cuyos cuantos son los electrones,
hay un campo electromagnético cuyos cuantos son los fotones. No hay campo del
núcleo atómico o de los protones y neutrones, pero sí hay de los quarks, las
partículas que componen el núcleo. Las ecuaciones de una teoría de campos,
tratan con campos no con partículas. Las partículas aparecen como
manifestaciones de estos campos.
La solución que encontraron los
físicos al problema de los infinitos gobernó desde entonces el curso de la
física. Los electrones libres y en los átomos están siempre emitiendo y
reabsorbiendo fotones que afectan su masa y su carga y las hacen infinitas.
Para poder explicar la carga y masa observadas (que son finitas), la masa y
carga desnudas que aparecen en las ecuaciones deben ser infinitas. La energía
total del átomo es entonces la suma de dos términos, ambos infinitos: la
energía desnuda que es infinita porque depende de la masa y carga desnudas, y
el corrimiento calculado por las emisiones y reabsorciones de fotones que es
infinito porque recibe contribuciones de fotones de energía ilimitada. Esto
permitió preguntarse si es posible que estos dos infinitos se cancelen dejando
un resultado finito, y la respuesta es afirmativa.
Los cálculos de estos procesos en
1948 eran terriblemente complicados porque daban el resultado como una suma de
términos que individualmente violaban la relatividad especial, siendo sólo la
respuesta final consistente con la teoría de la relatividad. Mientras tanto,
Richard Feynman y otros físicos estaban desarrollando independientemente
métodos mucho más simples de cálculo, consistentes en cada paso con la
relatividad. Feynman desarrolló los diagramas que llevan su nombre y que ya
vimos. Se usaron estas técnicas para hacer otros cálculos, algunos de ellos
daban una coincidencia espectacular con el experimento. Por ejemplo, el electrón
tiene un pequeño campo magnético, originalmente calculado en 1928 por Dirac
sobre la base de su teoría cuántica relativista del electrón. Schwinger había
realizado cálculos aproximados del desplazamiento en la intensidad del campo
magnético del electrón causado por procesos en que fotones son emitidos y
reabsorbidos. Los cálculos fueron continuamente refinados desde entonces, y el
resultado moderno es que el campo magnético del electrón aumenta por emisiones
y reabsorciones de fotones y efectos similares por un factor 1.00115965214 (con
un error de 3 en el último dígito) sobre la vieja predicción de Dirac que había
ignorado estos efectos. Casi simultáneamente con los cálculos de Schwinger,
experimentos realizados en la Universidad de Columbia indicaban que el campo
magnético del electrón es en realidad un poco mayor que el viejo resultado de
Dirac y justamente en la cantidad calculada por Schwinger. Un experimento
reciente da un factor 1.001159652188, con un error de 4 en el último dígito. La
coincidencia numérica entre teoría y experimento es quizás la más impresionante
de toda la ciencia.
Con semejante éxito no es
sorprendente que la QED se haya convertido en la teoría correcta de los fotones
y electrones. Sin embargo, a pesar del éxito experimental de la teoría, y
aunque los infinitos se cancelan cuando se los trata adecuadamente, el hecho de
que aparezcan produce cierta desconfianza. Dirac en particular se refería a la
renormalización como si se estuviera barriendo los infinitos debajo de la
alfombra. El requerimiento de una teoría completamente finita es parecido a
otros varios juicios estéticos que los físicos teóricos siempre tienen que
hacer.
Entonces, encontrar teorías que
no tengan infinitos parece ser un camino apropiado para avanzar en la búsqueda
de la teoría final. Actualmente la teoría de cuerdas parece ser el único modo
de evitar los infinitos cuando se quiere unificar la mecánica cuántica con la
relatividad general. El siguiente gran progreso realizado por la teoría
cuántica de campos fue la unificación del electromagnetismo con la teoría
nuclear débil.
Las otras dos interacciones
fundamentales (además de la gravitatoria y la electromagnética) son la fuerte y
la débil. Estas fuerzas no son observables directamente en la vida cotidiana,
ya que actúan a escala subatómica. La primera es responsable de mantener unidos
protones y neutrones (explica por qué no se separan los protones del núcleo
atómico debido a la fuerza de repulsión eléctrica y no se desintegra el núcleo
atómico, pero actúa también entre otras partículas pesadas llamadas hadrones.
Es de “corto alcance” (se extingue más allá de 10-13 cm) y su fuente
es el color, equivalente de la carga eléctrica, que en este caso es de 3
tipos: rojo, verde y azul.
La fuerza débil, mucho más débil
que la electromagnética pero mucho más fuerte que la gravitatoria, se
manifiesta especialmente en la transmutación de partículas. Fue postulada
inicialmente para explicar el decaimiento beta, un tipo de radiactividad de
ciertos núcleos atómicos inestables.
En un decaimiento beta típico un
neutrón se convierte en un protón, un electrón y un antineutrino, a través de
un cambio de sabor (equivalente a la masa, carga o color en las otras
fuerzas) de un quark. La fuerza nuclear débil no es tan importante en nuestra
vida cotidiana como las fuerzas magnéticas, eléctricas o gravitatorias, pero
juega un papel decisivo en las cadenas de reacciones nucleares que generan
energía y producen los elementos químicos en los núcleos de las estrellas. Esto
es algo que ninguna otra fuerza puede permitir que suceda. La fuerza nuclear
fuerte que mantiene los protones y neutrones juntos en el núcleo y la fuerza
electromagnética que trata de separar los protones, no pueden cambiar las
identidades de estas partículas, y la fuerza gravitatoria ciertamente no puede
hacer nada de este tipo; entonces la observación de neutrones cambiando a
protones y viceversa proveyeron la evidencia de un nuevo tipo de fuerza en la
naturaleza. Como su nombre lo indica, la fuerza débil es más débil que la
electromagnética o la nuclear fuerte.
En 1957 la teoría de las
interacciones débiles estaba establecida en el contexto de la teoría cuántica
de campos, pero había un sentimiento de insatisfacción. Los problemas no eran
experimentales sino teóricos. Aunque la teoría funcionaba bien para el
decaimiento beta, al ser aplicada a otros procesos más exóticos aparecían
nuevamente infinitos (por ejemplo la probabilidad de colisión de un neutrino
con un antineutrino). Los experimentos no podían hacerse, pero obviamente los
resultados infinitos no podían coincidir con ningún resultado experimental.
Estos infinitos ya habían aparecido en la Electrodinámica cuántica (QED), pero
en 1940 se había mostrado que se cancelan en esta teoría, es decir, la QED es renormalizable.
Pero la teoría de Fermi que describía las interacciones débiles no lo era.
Otro problema con esta teoría era
que tenía muchos elementos arbitrarios. La forma básica de la interacción débil
se había inferido básicamente del experimento pero podría haber sido muy
diferente, aun sin violar ningún principio físico conocido.
La solución la encontraron
Weinberg y Salam y por esto recibieron el premio Nobel de física en 1979. Así
como la fuerza electromagnética entre partículas cargadas es causada por el
intercambio de fotones, una fuerza débil no podría actuar instantáneamente en
un punto del espacio. Weinberg y Salam propusieron la existencia de nuevas
partículas, W y Z, nuevas partículas mensajeros que no podían ser no masivas
como los fotones, pero se introducían en la teoría del mismo modo. Esto hizo
que la teoría se hiciera renormalizable como la QED. Al hacerlo se vio que no
era sólo una teoría de las interacciones débiles sino una teoría unificada con
las fuerzas electromagnéticas, que se llamó teoría electrodébil.
La verificación experimental
llegó mucho después. En 1983 se descubrieron las partículas W y en 1984 la
partícula Z, cuya existencia y propiedades habían sido predichas correctamente
por la teoría electrodébil en 1968. Al unificar el electromagnetismo con las
interacciones débiles, esta teoría no sólo permitió eliminar inconsistencias de
la teoría débil previa, sino que predijo la existencia de nuevas partículas
(los bosones W± y Z), observadas experimentalmente en 1983.
En los años sesenta, Gell-Mann y
Zweig trataban de reducir el enorme zoológico de partículas conocidas.
Propusieron que casi todas estas partículas estaban compuestas de unas pocas
partículas simples, más elementales, llamadas quarks. La idea iba en la misma
dirección que los físicos estaban acostumbrados a pensar; era un paso más en la
tradición que comenzaron Leucipo y Demócrito, de tratar de explicar estructuras
complicadas en términos de constituyentes más simples y más pequeños. Los
quarks se aplicaron en los años sesenta a una gran variedad de problemas
físicos relacionados con las propiedades de los neutrones, protones y mesones y
todas las otras partículas supuestamente hechas de quarks, y generalmente la
teoría funcionaba bastante bien. Pero incluso los mejores intentos
experimentales de los años sesenta y setenta de extraer los quarks de las
partículas que supuestamente los contenían, fracasaron. Esto parecía imposible.
Desde que Thompson sacó los electrones de los átomos siempre había sido posible
romper cualquier sistema compuesto como una molécula en átomos o un núcleo en
las partículas individuales que lo componen. Pero parece imposible aislar los
quarks.
La teoría de los quarks empezó a
tener sentido con la elaboración de la cromodinámica cuántica en los años
setenta, nuestra moderna teoría de las interacciones fuertes. Esta teoría
prohíbe cualquier proceso en que un quark libre pueda ser aislado
(confinamiento). La teoría de quarks y gluones se llamó cromodinámica cuántica
y fue aceptada rápidamente como la teoría de las interacciones nucleares
fuertes.
La idea de que los quarks y
gluones no pueden observarse aisladamente es parte de los principios aceptados
por la física de partículas elementales, pero aun así describimos los
neutrones, protones y mesones como compuestos por quarks.

¡ALTO!
¿De qué manera comprender estas
fuerzas nos permite comprender la naturaleza? Consideremos para ilustrar estas
ideas un pedazo de tiza. La tiza es una sustancia familiar, sobre todo para los
docentes.
La tiza
La tiza es blanca. ¿Por qué?
Todos sabemos que los colores del arco iris se asocian con luz de determinada
longitud de onda: más largas al rojo, más cortas al violeta y azul. Cuando la
luz choca contra un objeto opaco como la tiza sólo una parte se refleja; el
resto es absorbido: una sustancia de determinado color lo es porque absorbe
ondas de ciertas longitudes de onda: vemos el color que refleja. La tiza
absorbe en el infrarrojo y el ultravioleta, que son rangos del espectro
invisibles y refleja todos los otros.
¿Pero por qué? ¿Por qué la tiza
absorbe las longitudes de onda invisibles y refleja todas las visibles?
La respuesta tiene que ver con
las energías de los átomos y la luz. Los fotones de la luz no tienen masa o
carga pero tienen cierta energía, inversamente proporcional a la longitud de
onda de la luz. Los estados de un átomo son discretos, definidos: no se pueden
cambiar excepto en ciertas cantidades definidas. Normalmente un átomo está en
su estado de mínima energía; cuando absorbe luz salta a un estado de mayor
energía y de menor energía cuando emite. Entonces sólo absorbe o emite fotones
de esas energías particulares.
La tiza es blanca porque las
moléculas que la componen no tienen un estado al que puedan saltar absorbiendo
fotones de cualquier color de luz visible.
¿Por qué? ¿Por qué los átomos y
moléculas vienen en estados discretos con energía definida? ¿Por qué la luz
viene en fotones de energía definida? Estas preguntas se respondieron en 1920
con la Mecánica Cuántica. Las partículas de un átomo se describen en Mecánica
Cuántica con funciones de onda. Es como una onda de luz o sonido pero su
magnitud da la probabilidad de encontrar a las partículas en un determinado
lugar.
Las moléculas de carbonato de
calcio que forman la tiza no tienen electrones que puedan cambiar su energía
absorbiendo luz visible. Los fotones también sólo pueden existir en
determinadas energías.
¿Y por qué? ¿Por qué las
ecuaciones de la MC que gobiernan a las partículas en los átomos son así? ¿Por
qué la materia consiste de átomos, electrones y núcleos? ¿Por qué hay algo como
la luz?
Las respuestas nos remontan al
Modelo Estándar y para eso fue necesaria la reconciliación de la Mecánica
Cuántica con la Relatividad Especial en 1940. Los principios de estas dos
teorías son casi incompatibles entre sí y pueden coexistir sólo en un tipo
limitado de teorías. En la mecánica cuántica no relativista podíamos imaginar
casi cualquier tipo de fuerza entre electrones y núcleos pero esto no es así en
una teoría relativista. Las fuerzas entre partículas sólo pueden aparecer por
intercambio de otras partículas. Todas estas partículas son paquetes de energía
o “cuantos” de varios tipos de campos. Un campo (eléctrico o magnético) es una
deformación del espacio. Hay un tipo de campo para cada especie de partícula
elemental.
¿Por qué? ¿Por qué el mundo
consiste sólo de estos campos: los quarks, electrones, fotones,...? ¿Por qué
tienen las propiedades que les atribuye el modelo estándar? Y ¿por qué la
naturaleza obedece los principios de la relatividad y la mecánica cuántica?
Perdón, estas preguntas todavía
no tienen respuesta.
Ahora que entendemos cómo
funciona empezamos a preguntarnos por qué. ¿Por qué hay un neutrón y un protón,
uno neutro y otro cargado con casi la misma masa y mucho más masivo que el
electrón? Para eso debemos ver los detalles del modelo estándar. Los quarks más
livianos se llaman u (up) y d (down) y tienen cargas +2/3 y -1/3 (en unidades
en que la carga del electrón es -1). Los protones consisten de dos u y un d y
entonces tienen carga 2/3+2/3-1/3=1. Los neutrones consisten de un u y dos d:
entonces su carga es 2/3-1/3-1/3=0. Las masas de los neutrones y protones son
casi iguales porque se originan en fuerzas fuertes que mantienen a los quarks
unidos y estas fuerzas son iguales para un u y un d. El electrón es más liviano
porque no siente estas fuerzas fuertes. Todos los quarks y electrones son
paquetes de energía de varios campos y sus propiedades se siguen de las
propiedades de estos campos.
De nuevo llegamos al Modelo
Standard. Cualquier cadena de preguntas sobre la tiza nos lleva al Modelo
Standard. Vayamos ahora en otra dirección: ¿Por qué hay suficiente calcio,
carbono y oxígeno aquí en la tierra para formar la tiza? Estos elementos
existen en todo el universo, fueron creados en las estrellas. Usando el modelo
del big bang y el Modelo Standard podemos calcular que la materia se formó en
los primeros minutos del universo y que se formó en la proporción de ¾ partes
de H y ¼ de He y muy pocos otros elementos livianos. Este es el material crudo
del que se formaron los elementos más pesados en las estrellas. Cálculos de
reacciones nucleares en estrellas muestran que los elementos más abundantes son
aquellos cuyos núcleos están más ligados y estos elementos incluyen carbono,
oxígeno y calcio. Las estrellas mandan este material al medio interestelar de
varios modos: vientos estelares y explosiones de supernovas. Y en este medio,
rico en constituyentes de tiza, se forman las estrellas de segunda generación
como el Sol, y sus planetas. Este escenario depende de que haya habido un big
bang hace 13 mil millones de años.
Siempre que hemos seguido las
cadenas de preguntas sobre fuerzas y materia suficientemente lejos, las
respuestas se han encontrado en el modelo standard de las partículas
elementales y la relatividad general. Los físicos experimentales y astrónomos
han reportado cada vez mejor coincidencia entre sus resultados y observaciones
y las predicciones del modelo estándar y la RG. Entonces, ¿por qué hay esta
sensación de pesimismo?
En primer lugar, el modelo
standard describe las fuerzas electromagnética y nucleares fuerte y débil, pero
no incluye la gravedad. Hay obstáculos matemáticos muy fuertes para describir
la gravitación en el mismo lenguaje que las otras fuerzas, en el lenguaje de la
teoría cuántica de campos. En segundo lugar, aunque las interacciones nucleares
fuertes están incluidas en el Modelo Standard, aparecen como algo bastante
diferente de las fuerzas electromagnéticas y nucleares débiles, no como parte
de una teoría unificada. Finalmente, el MS contiene muchas características que
no son dictadas por principios fundamentales, sino que deben ser tomadas del
experimento. Estas características aparentemente arbitrarias incluyen un menú
de partículas, varias constantes como cocientes de masas, e incluso los propios
principios. Podríamos imaginarnos que cualquiera o todas de estas
características podrían ser distintas.
El MS y la RG no son claramente
la respuesta final.
¿Por qué la unificación se da a
altas energías? Cuanto más profunda es la estructura a analizar, mayor es la
energía necesaria. La idea que dominó las unificaciones que desembocaron en el
MS es que las fuerzas intrínsecas de las 3 interacciones (débil, fuerte y
electromagnética) son iguales a alguna energía muy alta y se diferencian a
energías menores. Las diferentes identidades que manifiestan estas fuerzas a
bajas energías se funden en una única interacción a energías más altas. Pero
esta energía de unificación puede ser muy diferente de las que se alcanzan en
los experimentos presentes. Hay 3 fuerzas intrínsecas independientes en el MS,
entonces no es una condición trivial que haya alguna energía a la cual estas
fuerzas sean iguales. La energía predicha es muy alta (1016 GeV)(los aceleradores sólo llegan hasta ~cientos GeV) (escala
de unificación electrodébil ~ 80 GeV).
(1MeV= 10^6 eV; 1 GeV = 10^9 eV;
1 TeV = 10^12 eV).
Este parece un número muy grande,
pero en la física teórica hay otra energía muy grande que aparece naturalmente
en cualquier teoría que intente unificar la gravedad con las otras fuerzas. En
condiciones ordinarias, la fuerza de gravedad es mucho más débil que las otras
3. Nunca se ha observado ningún efecto de las fuerzas gravitatorias entre las
partículas dentro de un único átomo o molécula, y no hay demasiada esperanza de
que alguien podrá hacerlo. Pero según la RG, la gravedad se produce y actúa
tanto sobre energía como sobre masa. Este es el motivo por el que los fotones
que tienen energía pero no masa se curvan por el campo gravitatorio del Sol. A
energías suficientemente altas la fuerza de gravedad entre dos partículas
elementales se hace tan fuerte como cualquier otra fuerza entre ellas. La
energía a la que esto sucede es 1019 GeV, llamada energía de Planck,
es la que tuvo lugar en el big bang.
Podemos aplicar las ecuaciones de
la MC a las ecuaciones de la RG, pero volvemos al problema de los infinitos.
Cada infinito se puede cancelar agregando nuevos términos, pero así se llega a
una teoría con infinitas constantes desconocidas que puede ser útil para
calcular procesos a energías relativamente bajas, a las que los términos que
hay que agregar son despreciables, pero pierde poder predictivo cuando se la
aplica a la escala de Planck.
Por supuesto, estas energías no
pueden alcanzarse experimentalmente, pero para poder considerar una teoría como
satisfactoria no sólo tiene que reproducir los resultados de los experimentos
sino hacer predicciones para experimentos que en principio sean plausibles. En
este sentido la RG está en la misma situación en que estaba la teoría débil
antes de la formulación de la teoría electrodébil a fines de los años sesenta:
la RG funciona bien cuando puede ser comprobada experimentalmente pero contiene
contradicciones internas que muestran que debe ser modificada.
El valor de la energía de Planck
nos pone frente a un nuevo problema formidable. Esta energía tremendamente
grande aparece a un nivel tan profundo que podemos suponer que la energía de
Planck es la unidad fundamental de energía que aparecerá en la teoría final.
Como el MS no incluye la gravedad
pensamos hoy que es una aproximación de bajas energías de la teoría unificada
fundamental y que pierde su validez a energías como la de Planck. Ahora se
piensa que las ecuaciones del MS no son del tipo sencillo de las que son
renormalizables sino que en realidad contienen todos los términos compatibles
con las simetrías de la teoría. El motivo por el que las teorías
renormalizables funcionan tan bien sería que todos los términos en las
ecuaciones de campo, excepto los renormalizables, vienen divididos por
potencias de la energía de Planck. El efecto de estos términos sobre cualquier
proceso físico observado sería entonces proporcional a potencias del cociente
de la energía del proceso por la energía de Planck, una cantidad tan pequeña
como una parte en 1015. Es decir que prácticamente la condición
de renormalizabilidad era correcta, aunque se imponía por motivos que ya no son
relevantes.
Conclusión
La teoría final puede estar muy
lejos y ser muy diferente de todo lo que hoy sabemos o podemos imaginar. Es muy
probable que esta teoría incorpore la mecánica cuántica pues nadie ha sido
capaz de modificar la MC de modo de preservar sus éxitos sin llevar a absurdos
lógicos. También se supone que la teoría final descansará en principios de
simetría, como las actuales MS y RG: las simetrías espacio tiempo de la RE que
requieren que el MS sea formulado como una teoría de campos, y simetrías
internas que dictan la existencia del campo electromagnético y los otros campos
que llevan las fuerzas del MS.
Los últimos veinte años han visto
el desarrollo de un marco radicalmente nuevo para una teoría cuántica de la
gravedad y posiblemente todo lo demás: la teoría de cuerdas. Esta teoría nos ha
dado el primer candidato posible para una teoría final.
Desde este punto de vista, el MS
es una aproximación de bajas energías de una teoría fundamental que no es una
teoría de campos, sino de cuerdas. Esta ruptura radical marca el comienzo de
una nueva era postmoderna en física.
Como las cuerdas incorporan
gravitones y todas las otras partículas, parecen proveer por primera vez la
base para una posible teoría final. Como el gravitón parece ser una
característica inevitable de cualquier teoría de cuerdas, se puede decir que la
teoría de cuerdas explica por qué existe la gravitación.
Las teorías de cuerdas también
parecen haber resuelto el problema de los infinitos que habían plagado las
teorías cuánticas previas de la gravedad. Las cuerdas parecen estar libres de
infinitos.
Una diferencia fundamental entre
las teorías de cuerdas y las teorías previas es que los principios no se ponen
a mano; son consecuencias matemáticas del modo particular en que las reglas de
la mecánica cuántica se satisfacen en cada paso particular. Hasta ahora sólo
existe una formulación muy elegante, matemáticamente hablando, pero para ser
verdaderamente importante la teoría debe tener una única solución a partir de
la cual podamos saber qué tipos de partículas existen a bajas energías, sus
masas, las intensidades de sus interacciones, probabilidades de todo tipo de
procesos. Sólo realizando estos cálculos y comparándolos con el experimento
podremos saber si la teoría es correcta.
Todavía no hay un test decisivo
de la teoría, no hay predicciones cuantitativas. Pero es la única fuente
presente de candidatos para una teoría final. Se puede pensar en la teoría de
cuerdas como la instancia inicial de un programa que contiene la primera teoría
matemáticamente satisfactoria de la gravedad cuántica y que además parece ser
un candidato plausible para describir también las otras fuerzas de la
naturaleza. Un incentivo para recorrer el duro camino de entender las teorías
de cuerdas es que, si las supercuerdas realmente constituyen una explicación
cuantitativa de todas las partículas e interacciones de la naturaleza,
representarán uno de los mayores éxitos científicos de la historia de la
Humanidad.
Pero no todos los físicos
comparten este optimismo. Algunos piensan, filosófica y científicamente, que
estos esfuerzos están dirigidos en la dirección equivocada. Entre ellos,
Richard Feynman dijo, refiriéndose a las cuerdas: “...creo que todo esto es un
disparate.”
© 2003 Javier de Lucas