ESPACIO DESPERDICIADO

 

 

Es habitual utilizar la frase retórica: "Si estuviéramos solos en el Universo, ¡cuánto espacio desaprovechado!" Y se exhibe esta frase como argumento a favor de la abundancia de vida en la galaxia. Veamos que esto no tiene ningún sentido. Seguro que todos hemos oído esta frase, en cualquiera de sus múltiples variantes más de mil veces. Como la famosa afirmación de que solo usamos el 10% de nuestro cerebro, pertenece al grupo de afirmaciones que se asumen por ser muy oídas. Muy poca gente se para a pensar un momento qué quiere decir, y qué verdad o falsedad esconde tras de sí.

La autoría original de la frase se atribuye a Carl Sagan: “If we are alone in the Universe, then it is an awful waste of space”. Poco debe preocuparnos la autoría primigenia de la frase: uno de los recursos de los amantes del misterio es citar siempre a prestigiosos científicos para avalar sus tesis. Sin embargo, existe en Ciencia una cosa que se llama principio de no autoridad, según el cual una afirmación no es mejor, ni más relevante ni más interesante en función de la importancia, relevancia o interés de su autor.

Podríamos empezar por decir que el Principio de aprovechamiento del espacio brilla por su ausencia dentro del conjunto de leyes universales, pero eso es tan sólo un camino para deshacer la falacia, y hay que explorarlos todos.

La frase, como todas las pseudocientíficas, es perversa. A pesar de no estar formulada como una afirmación, encierra un notable propósito: convencernos de que existen muy buenos argumentos para concluir que no estamos solos en el Cosmos. Quizás los haya, pero desde luego no serán de la pobre categoría argumental a la que pertenece la frase que ahora nos ocupa.

Y es que, además de su pobreza intelectual, cae en un biocentrismo velado: admite como buena la enorme y gratuita afirmación siguiente: “la mejor forma de “aprovechar” el espacio es llenarlo de vida , a poder ser inteligente (como la nuestra)”. De esta forma, el entorno terrestre está “bien aprovechado”; mientras que Plutón y sus inmediaciones están mal aprovechadas. El sistema solar en su conjunto parece estar “medianamente aprovechado”, en vista de que no encontramos vida en él aparte de la terrestre ( dejando en suspenso las sorpresas que nos depare Europa y quizás Titán). Así, asumiendo una inexistente ley del aprovechamiento espacial, nos resulta imposible de admitir la no existencia de vida inteligente en nuestra galaxia, y no digamos ya en el Universo.

Queda clara pues la nula potencia de la pregunta, y la ilícita respuesta a la que parece conducir. Pero podemos aprovechar la circunstancia para preguntarnos qué tamaño mínimo debería tener el Universo para que nosotros estemos en su seno haciendo este tipo de preguntas.

Para que nosotros existamos ¿bastaría con un entorno, digamos como el sistema solar? ¿Bastaría con un entorno algo mayor, que incluya a un grupo local de estrellas de unos cien años luz de diámetro? La respuesta es clara y contundente, sin ambigüedad alguna: NO BASTARIA.

¿Por qué es esto así?

Vayamos por partes. El Universo es muy grande, y es tan grande porque es muy viejo. Se expande a una velocidad comparable con la velocidad de la luz, de forma que podemos decir en una primera aproximación que su diámetro es proporcional a su edad. Sin entrar en complicados temas cosmológicos sobre expansiones aceleradas, en una primera aproximación (no nos interesa para nada la exactitud en este momento, y el ajuste fino de la edad real es motivo de controversia) podemos decir que su tamaño en años luz es del orden de su edad en años. De esta forma, nuestra pregunta puede ser reformulada en unidades de tiempo:

¿Cuánto tiempo hace falta para que surja vida inteligente por procesos naturales?

Ahora es cuando vemos el tema bajo una nueva luz. La vida es un proceso complejo. Necesita de unos elementos idóneos para constituirse. Admitimos de buen grado que cualquier tipo de vida extraterrestre puede ser muy diferente a la nuestra, pero siempre será un proceso muy complejo, y necesitará un sustrato material idóneo. Pero en el Universo primitivo no existían estos constituyentes, sino tan sólo hidrógeno (H ). Es el interior de las estrellas el único lugar en el que se sintetizan. Las estrellas son formidables hornos nucleares en los que el H se convierte en Helio (He) por fusión nuclear, liberando mucha energía. Cuando el H se agota, si la dinámica estelar lo permite se unen núcleos de He para producir átomos más pesados, y se van produciendo todos los constituyentes necesarios para la vida: Carbono (C) ,Nitrógeno (N), Oxígeno(O), Fósforo(P), Azufre (S )...

¿Cómo consiguen salir del interior de las estrellas? Una estrella es un formidable pozo gravitatorio, del que nada pesado puede salir si no hay un poderoso proceso que lo permita. ¿Lo hay? Pues afortunadamente para nosotros, sí lo hay.

Las estrellas estallan de vez en cuando en una espectacular sesión de fuegos artificiales: las supernovas. Cuando esto ocurre, contaminan el ambiente interestelar con los elementos pesados que se produjeron en su seno. Más aún: forman unos frentes de onda de tal intensidad debido a la explosión que inducen a nubes de H a colapsar gravitatoriamente y formar nuevas estrellas, que naturalmente nacerán contaminadas de los metales producidos por la supernova. Si se forman planetas en el disco de acreción de la estrella, estos planetas podrán estar constituidos por restos pesados, como es el caso de la Tierra.

Así pues, debe ser una estrella de segunda generación la que vea surgir en sus inmediaciones la vida, por muy simple que sea esta. Debe haber transcurrido toda la secuencia completa de nacimiento, desarrollo madurez y muerte de una generación estelar previa, debe haberse formado una segunda generación, y debe haber transcurrido un número indeterminado de miles de millones de años para que el entorno neoestelar se haya estabilizado lo suficiente como para poderse iniciar un proceso biogénico.

Todo esto lleva diez mil millones de años como mínimo, luego para que yo esté en este momento tecleando en el ordenador, el diámetro mínimo necesario de lo existente es de diez mil millones de años luz. En una esfera de diámetro menor NO CABE la posibilidad de mi existencia.

                                                                                                                                         © 2020 Javier De Lucas