AUTO ORGANIZACION

La mayoría de los expertos piensan que la síntesis
orgánica que condujo a la vida tardó relativamente poco tiempo en
producirse a partir del momento en que la Tierra tuvo corteza, y que fue una
reacción química autosostenida como
consecuencia de un proceso de autoorganización
en los componentes químicos que se daban en la Tierra en esa
época.
Es posible imaginar que pudieran haber
tenido lugar varios inicios frustrados hasta que finalmente, cuando bajó
la frecuencia de los impactos de meteoritos que bombardeaban continuamente la
Tierra, ya se pudo afianzar un modo de vida que prosperó hasta la que
hoy conocemos. Los químicos no pueden (todavía) fabricar la vida
en el laboratorio a partir de materia inerte, pero es que no se puede pretender
simular experimentalmente en unos años, o unas décadas, aquello
que la Naturaleza ha tardado millones de años en fabricar. Los
resultados obtenidos demuestran que la generación de moléculas biológicas
en unas condiciones de medio ambiente geológico favorable ha sido
posible. El paso de moléculas biológicas cada vez más
complejas al primer organismo vivo está aún por descubrir.
Después de los trabajos de Darwin y
Pasteur, el pensamiento racionalista intentó aplicar el concepto de
evolución a la materia inerte. Comenzó a esbozarse una
teoría evolucionista del origen de la vida que suponía que no
existía diferencia fundamental entre lo inerte y lo vivo. La materia
viva sería el fruto de largos procesos químicos, una larga
evolución química que habría precedido a la
evolución biológica. Oparin, por un lado, y Haldane,
por otro, suponen que la vida apareció en la Tierra en un medio rico en materias orgánicas y desprovisto de oxígeno.
Esta teoría está en la base de los argumentos que actualmente se
barajan para explicar el origen de la vida.
¿QUE ES LA VIDA?
Pero, ¿qué es la vida?. Desde un principio, las ideas han estado encuadradas en
dos teorías opuestas: las materialistas o mecanicistas, que suponen que
la vida es el resultado de una organización compleja de la materia, y
las vitalistas o finalistas, que proponen que la vida tiene su origen en una
fuerza superior que insufla a los seres un principio vital, que en el caso del
hombre se identifica con el alma. Los primeros defensores de estas dos
teorías fueron los filósofos griegos Demócrito de Abdera (470-380 a.C.), y Aristóteles (384-322 a.C.).
El primero suponía que toda la materia, incluida la vida, estaba formada
por diminutas partículas llamadas átomos; la vida era debida a
que los seres que la poseían disponían de un tipo especial
de átomos redondeados que, dispersos por todo el organismo, les
proporcionaba las características vitales.
Totalmente opuesto a esta teoría,
Aristóteles mantenía que los seres vivos estaban compuestos de
idénticos elementos que la materia inerte, pero que además
poseían una fuerza o principio vital concedido por un ser superior. Este
principio vital era inmortal, no teniendo la vida fin en sí misma, sino
en función de su Creador. Desde entonces, la polémica entre
materialismo y vitalismo ha sido una constante histórica, influida
más por doctrinas filosóficas y religiosas que por un estricto
pensamiento científico.
Una definición completa de vida procedente
de la Biología Molecular sostiene que la vida es una propiedad de los
organismos que contienen información hereditaria reproducible,
codificada en moléculas de ácido nucleico, y que metabolizan al
controlar el ritmo de reacciones químicas utilizando catalizadores
llamados enzimas. Más simplemente, los seres vivos son aquellos que
poseen la capacidad de reproducirse y metabolizar sustancias, esto es,
alimentarse.
Con esta última definición
se evita hacer alusión a los ácidos nucleicos, ya que
cabría dentro de lo posible la existencia de vida en alguna
región del Universo que no dependa de estas moléculas.
FUNCIONES VITALES
El ser vivo lleva a cabo tres funciones
"vitales": autoconservación,
autorregulación y autorreproducción.
Con la autoconservación obtiene y transforma
la energía que precisa para realizar el resto de las funciones vitales.
Con la autorregulación controla sus funciones; este control tiene lugar
mediante una serie de reacciones químicas que se realizan en distintos
órganos, y que le permiten adaptarse y relacionarse con el medio que le
rodea. Con la autorreproducción, todo ser vivo
es capaz de engendrar, de un modo u otro, nuevos seres semejantes a él,
a los que transmite unos caracteres determinados.
Toda la materia que existe en la
Naturaleza se encuentra dividida en una serie de peldaños
jerárquicos, de manera que los elementos de cada uno de ellos
están formados por la estructura organizada de un conjunto de elementos
del nivel anterior. De menor a mayor grado de complejidad, podemos enumerar los
siguientes: partículas elementales, átomos, moléculas,
orgánulos, células, tejidos, órganos, sistemas de
órganos, organismos independientes, poblaciones, comunidades,
ecosistemas (comunidad de organismos que pueblan un ambiente determinado y que
se relacionan entre sí), biomas (conjunto de ecosistemas que ocupa un
amplio sector geográfico) y biosfera, entendido este último
término como el conjunto de todos los seres vivos que existen en la
Naturaleza más las condiciones ambientales que les rodean.
A partir de uno de estos niveles, los
orgánulos, aparecen las funciones vitales características de los
seres vivos. Esto significa que todo nivel organizativo que se encuentre por
debajo de éste, posee el carácter de materia inerte, mientras que
a partir del nivel orgánulo toda la materia existente en el Universo es
considerada como materia viva. Así, por ejemplo, los virus no deben ser
considerados como seres vivos. Estos agentes patógenos de tamaño
ultramicroscópico, formados por un núcleo de ADN o ARN protegido
por una cubierta proteica, no poseen actividad metabólica, no pueden
traducir a proteínas su información genética, por lo que
únicamente pueden sobrevivir y reproducirse si invaden una célula
viva, de cuyos sistemas se benefician.
MOLECULAS BIOLOGICAS

En la composición química de
los orgánulos aparecen ya unas moléculas inexistentes en la
materia inerte, las moléculas biológicas, que son las
responsables de las características propias de todo ser vivo: son los
hidratos de carbono, los lípidos, las proteínas y los
ácidos nucleicos. Los hidratos de carbono o azúcares son
compuestos cuyas moléculas están formadas exclusivamente por
carbono, hidrógeno y oxígeno. Los más sencillos, como la
glucosa o la ribosa, reciben el nombre de monosacáridos, y los
más complejos, como el almidón o el glucógeno,
polisacáridos. Su misión es proporcionar a los seres vivos la
energía que necesitan. Los lípidos también están
formados por carbono, hidrógeno y oxígeno, pero en distinta
proporción que en los hidratos de carbono; los más importantes,
las grasas, sirven como reserva alimenticia tanto a animales como a plantas.
Las proteínas son los componentes
cuyas moléculas presentan una mayor variedad: en el cuerpo humano
existen unas diez mil clases diferentes de moléculas de
proteínas. Esta enorme variedad procede únicamente de una
veintena de compuestos diferentes llamados aminoácidos, cuyas
moléculas están formadas por carbono, nitrógeno,
hidrógeno, oxígeno y en algunos casos, azufre. Los
aminoácidos se unen mediante los llamados enlaces pépticos
originando cadenas moleculares, generalmente de forma helicoidal, que son las
distintas proteínas. La misión de las proteínas es aportar
energía al organismo, aunque de forma mucho más específica
que los hidratos de carbono, ya que cada tipo de célula en particular
recibe un tipo distinto de proteínas.
Los ácidos nucleicos se localizan
en el núcleo de la célula; son las más complejas de las
moléculas biológicas y están formados por unidades
más pequeñas llamadas nucleótidos. Existen dos tipos de
ácidos nucleicos: el desoxirribonucleico (ADN) y el ribonucleico (ARN).
El primero está formado por grandes moléculas de
nucleótidos que adoptan la forma de una doble hélice, y es el
responsable de la ransmisión de los caracteres
hereditarios de padres a hijos.
El segundo se presenta en moléculas
de diferentes formas que, en conjunto, tienen como misión enviar
órdenes a los distintos orgánulos para que se formen en el
organismo vivo las distintas proteínas necesarias en cada momento.
LA GENERACION ESPONTANEA
Ya hace muchos siglos, el conocimiento del
origen de la vida interesó profundamente al hombre. Careciendo de base
científica, predominaron las teorías filosóficas,
destacando claramente la teoría de la generación espontánea.
Según ella, todos los seres vivos nacen espontáneamente de la
materia orgánica en descomposición, o bien de la materia mineral
cuando se encuentra en determinadas condiciones. Aristóteles
admitía que, en general, los seres vivos se originan de otros seres
vivos semejantes, pero que igualmente pueden generarse de la materia inerte.
Toda la Edad Media acusa una gran influencia aristotélica, y por tanto,
la creencia en la generación espontánea incluso se enriquece.
También en el Renacimiento se sigue admitiendo la teoría, hasta
en personajes de la talla de Descartes (1596- 1650) o Newton (1642-1727). El
primero en enfrentarse al dogma es el italiano Francesco Redi
(1626-1697), quien, cosa infrecuente en la época, recurre al
método científico para comprobar la teoría. Con sus
experimentos, demuestra la imposibilidad de crear vida a partir de la carne en
putrefacción: los gusanos que aparecían sobre la carne de los
frascos destapados provenían simplemente de los huevos que las moscas
habían depositado sobre la misma.
La controversia, sin embargo,
continúa hasta llegar a Pasteur (1822-1895), cuyo gran mérito
estriba en zanjar definitivamente la controversia, demostrando de una vez por todas la falsedad de la generación espontánea.
Mediante sus observaciones al microscopio, Pasteur demostró que en la
fermentación del vino y de la cerveza intervenían microorganismos
vivos como elaboradores del fermento; es más, descubrió el
remedio para evitar el avinagramiento del vino, sometiéndole a un
calentamiento lento hasta alcanzar una temperatura tal que los microorganismos
productores del fermento no pudiesen vivir. Este proceso, que después se
ha generalizado en su aplicación, es conocido en su honor con el nombre
de pasteurización.
OPARIN Y LOS COACERVADOS
Una vez sentada, gracias a Pasteur, la
base de que la vida procede de sí misma, quedaba por aclarar el
cómo y el cuándo se originó la primera vida sobre la
Tierra. La idea de utilizar la evolución para explicar el
fenómeno vital no es nueva: Jean Baptiste
Lamarck (1744-1829) sugirió ya que la materia mineral habría
podido engendrar sustancias orgánicas que podrían ordenarse poco
a poco hasta alcanzar el estatus vital. En 1922, el bioquímico
soviético Alexander Ivanovich Oparin
publicó una pequeña obra titulada "El origen de la
vida"; en ella exponía una nueva teoría, según la
cual, las moléculas orgánicas complejas habrían podido
evolucionar fuera de todo organismo, reunirse y formar sistemas cada vez
más complejos, sometidos a los principios de la evolución,
particularmente el de la selección natural, hasta llegar al primer
orgánulo.
Para Oparin, la atmósfera primitiva
estaba compuesta por hidrógeno, metano, amoníaco y vapor de agua.
Esta mezcla gaseosa, debido a la acción de los rayos solares,
daría lugar a gran cantidad de moléculas orgánicas, que
caerían en los océanos y allí se acumularían
durante largos períodos de tiempo sin riesgo de descomposición,
formando un "caldo nutritivo". Las moléculas se irían
asociando entre sí, formando agregados moleculares cada vez más
complejos, con una estructura concreta, a los que llamó coacervados. Los
coacervados con capacidad de autosíntesis
(productores de su propio alimento), evolucionarían hacia formas cada
vez más estables y complicadas hasta convertirse en verdaderas estructuras
vivientes. Estos organismos primordiales darían lugar, por
evolución durante millones de años, al mundo vegetal y animal de
nuestro planeta. Teorías semejantes, aunque con menor difusión
mundial, fueron expuestas poco después por el italiano Giglio-Tos y el inglés J.S. Haldane.
¿Cuándo apareció la
vida sobre la Tierra? El nacimiento de nuestro planeta tuvo lugar hace 4.600
millones de años, en que apareció en forma de una masa
incandescente, por condensación de la nube primordial que originó
el Sol y los planetas del Sistema Solar. A partir de aquel momento, el
enfriamiento progresivo dio lugar a la formación de una superficie
sólida, la corteza terrestre; desde ese momento hasta la
aparición de la vida transcurre un período llamado era Azoica.
Durante la era Azoica, las erupciones volcánicas arrojan al exterior
vapor de agua que, al enfriarse, da origen a los primeros mares. Este agua es a su vez el origen del oxígeno y del
hidrógeno, que va transformando la atmósfera primitiva, rica en
metano, hidrógeno y amoníaco, en otra rica en nitrógeno,
oxígeno y dióxido de carbono. Con estas condiciones, la
aparición de la vida ya es factible, calculándose la existencia
de los primeros organismos vivos hace unos 3.700 millones de años.
EL EXPERIMENTO DE MILLER

La teoría de Oparin no deja de ser
una hipótesis; pese a ello, ha podido, en parte, ser confirmada por el
químico norteamericano Stanley Miller. En los años cincuenta,
Miller trabajaba en la Universidad de Chicago bajo la dirección de H.C. Urey. Simuló en un balón de vidrio la
atmósfera primitiva con la mezcla de gases propuesta por Oparin y la
sometió a descargas eléctricas que simularían a las
radiaciones solares que en esa época incidían sobre la superficie
de nuestro planeta. Cuando al cabo de una semana analizó los productos
resultantes de la reacción, comprobó que se habían
sintetizado compuestos orgánicos y, en particular, aminoácidos, a
partir de los cuales se formarían las proteínas, componentes
fundamentales de la materia viva: Miller había conseguido formar
compuestos orgánicos en condiciones prebiológicas.
Sin embargo, la segunda parte de la
teoría de Oparin, según la cual estas moléculas se fueron
agrupando durante cientos de miles de años hasta adquirir las
características de un ser vivo, ha de demostrarse por las teorías
de la evolución. El experimento de Miller sirvió de punto de
partida a gran número de investigadores, como Calvin, Sagan o Ponnamperuma...tal vez
dentro de poco tiempo tengamos una idea más exacta de cómo se
produjo el portentoso salto a la vida, ayudados por la enorme labor de estos
pioneros de la Química prebiológica.
LAS MICROESFERAS DE FOX
La publicación de la teoría
de Oparin y la confirmación parcial de la misma mediante el experimento
de Miller, dieron lugar a que muchos biólogos encaminaran sus
investigaciones a descubrir cómo fue el largo proceso en el cual la
materia inerte llegó a alcanzar las estructuras que permitirían,
posteriormente, el nacimiento de las primeras células. Según el
bioquímico norteamericano Sydney W.Fox, la aparición de la vida sobre nuestro planeta
no sólo tuvo lugar en el mar, como proponía la teoría de
Oparin, sino que también podría haber sucedido sobre la tierra
firme. Demostró que a temperaturas próximas a los 1.000 ºC, una mezcla de gases similares a los que formaron
la atmósfera primitiva sufría una serie de transformaciones tales
que se lograba la síntesis de aminoácidos, que a su vez se
unían formando "protenoides". Al
sumergirse en agua, los protenoides generaban un
proceso de repliegue sobre sí mismos adoptando una forma globosa, las microesferas, que estaban limitadas por una doble capa que
las protegía del exterior, apareciendo así el ancestro de lo que
posteriormente sería la membrana plasmática. Las microesferas, a través de la membrana, podían
tomar del exterior sustancias como agua, glucosa, aminoácidos, etc., que
producían la energía suficiente para que continuase el desarrollo
de la microesfera.
Existen datos, según Graham Cairns-Smith, de la Universidad de Glasgow, sobre la existencia
de una "vida inorgánica" previa a la vida orgánica que
conocemos. Esta vida inorgánica tendría como soporte universal a
estructuras del tipo de las arcillas, que habrían permitido la
producción de pequeñas moléculas que se asociarían
entre sí para dar origen a macromoléculas que acabarían
adquiriendo la capacidad de autorreplicación.
La propia estructura repetitiva de las arcillas haría que éstas
actuasen como auténticos catalizadores, formándose en la
superficie de las laminillas de arcilla, moléculas de naturaleza
orgánica; dado que las arcillas son muy variadas, podrían generar
un número inmenso de combinaciones de proteínas y de
nucleótidos. Las macromoléculas biológicas le parecen
demasiado complicadas para haber estado presentes en los primeros sistemas
vivos; sólo más tarde, de forma progresiva, habrían
sustituído a las arcillas mediante un
mecanismo de selección natural.
La síntesis prebiótica de
las macromoléculas biológicas fue una etapa fundamental en el
camino hacia la aparición de la materia viva, así como el origen
de la membrana que separaría estas macromoléculas del exterior,
problema estudiado por Joan Oró, de la Universidad de Houston. En
condiciones prebióticas, llegó a obtener lípidos,
componentes fundamentales de la membrana de toda célula viva, con ayuda
de una mezcla de compuestos orgánicos derivados del ácido
cianhídrico. Las microesferas de Fox o los
"margináramos" (granos de mar) de Fujio
Egami, son ejemplos de microestructuras estables de
un diámetro medio de una micra, capaces de producir brotes e incluso de
dividirse, pero aún les falta lo esencial para hacer perdurar la
especie: el material genético.
¿Cuál de las
macromoléculas biológicas apareció primero? Muchos
investigadores prebióticos apoyan la idea de Manfred
Eigen, premio Nobel en 1967, según la cual la
secuencia de los acontecimientos fue la siguiente: primero, los
ácidos nucleicos, después, las proteínas y
finalmente la célula, aunque también haya sido posible una aparición
simultánea y complementaria.
LA ALTERNATIVA DEL ESPACIO
Existe una alternativa importante a todo
lo expuesto anteriormente, y es la alternativa espacial. Darwin, en su obra
"El origen de las especies", escribía: "...debemos
admitir también que todos los seres organizados que viven o que han vivido
sobre la Tierra, pueden descender de una única forma
primordial"...una especie de bacteria primitiva básica.
Para algunos científicos de finales
del siglo XIX, esa primera bacteria tenía su origen en el espacio. La
idea de que la Tierra fue fecundada por microorganismos procedentes del espacio
empezó a desarrollarse a partir de 1865 por parte del biólogo
alemán Hermann Richter; según
él, la vida está presente en todo el Universo bajo la forma de
gérmenes de microorganismos, a los que llamó cosmozoarios.
Los meteoritos que continuamente impactan en la Tierra transportarían
los cosmozoarios, que una vez en el planeta, se
desarrollarían en condiciones favorables.
El químico sueco Svante Arrhenius (1859-1927) retomó la idea de
Richter dándole una forma más elaborada: la teoría de la
Panspermia, publicada en 1906. Según esta teoría, la vida es
transportada en el espacio bajo la forma de esporas, organismos vivos
microscópicos, impulsadas por la presión de la radiación
estelar. Esta teoría no responde a la pregunta fundamental:
¿cuál fue el origen de esas esporas extraterrestres? Lo que
sí es cierto es que en los últimos años se han descubierto
más de un centenar de moléculas orgánicas en las densas nubes
que separan las estrellas. La siembra de esas moléculas en nuestro
planeta, transportadas por meteoritos, pudieron
proporcionar una parte de los materiales orgánicos indispensables para
la evolución biológica. Así mismo, los impactos de cometas
también han podido sembrar la Tierra de materiales orgánicos, y
facilitar de esta manera la aparición de la vida en el planeta al
aportar diversos constituyentes importantes en la evolución.
Más radical se mostró Fred Hoyle, que junto a Chandra Wickramasinghe, de la Universidad de Cardiff, retorna a la
Panspermia, afirmando que resulta un proceso inútil buscar el origen de
la vida en la propia Tierra, puesto que se ha formado en alguna parte del
espacio interestelar. Estos dos astrofísicos han observado las nubes de
materia que separan las estrellas, desde el infrarrojo al ultravioleta,
afirmando haber identificado sistemas vivos. Así mismo afirman que
nuestro planeta ha recibido y recibe continuamente microorganismos, incluso
virus, de los impactos de cometas y meteoritos, lo que habría sido el
origen de las distintas epidemias sufridas por la Humanidad a lo largo de los
siglos.
© 2000 Javier
de Lucas