EL PODER DE LA FISICA

El ser humano
ha buscado la belleza, la perfección y la armonía a lo largo de toda su
existencia: pinturas, esculturas, arquitectura, música, poesía... de alguna
manera detectamos la belleza y tendemos a sentir algo especial cuando la
encontramos. La belleza "artística" es capaz de conmovernos de forma
muy intensa, sin embargo, esta belleza es subjetiva, intrascendente y efímera.
Por otro lado, existe otro tipo de belleza que desgraciadamente, mucha gente no
es capaz de apreciar. Este otro tipo de belleza es absoluta, trascendente y
eterna y pertenece a la que probablemente es la disciplina más trascendente a
la que puede dedicarse un ser humano: la Física fundamental y las Matemáticas.
Para apreciar este tipo de belleza hay que remitirse a un concepto fundamental
sobre el que descansa gran parte de la Física: el concepto de simetría.
En este
artículo trataremos de explicar, sin utilizar fórmulas complejas y usando
solamente conceptos sencillos la que es calificada por la mayoría de Físicos
como la teoría más bella de la Física.
El poder de la Física
fundamental
Imaginar que
juntamos en una sala a cinco personas ilustres: el emperador alemán Otto von
Bismarck, el militar Venezolano Simón Bolívar, la reina Victoria de Inglaterra,
el emperador romano Julio César y el físico Albert Einstein (probablemente el
pobre Einstein se sintiese un poco intimidado por el liderazgo y el carisma de
sus acompañantes). Entonces, uno a uno comienzan a exponer orgullosos las
consecuencias de sus logros: Bismarck exclama: "Mi fama es tan grande que
numerosas ciudades alemanas se llaman como yo". Bolívar exclama "Pues
la mía es tan impresionante que un país entero lleva mi nombre". A
continuación Victoria exclama "pues la mía tiene un reconocimiento tal que
todo un periodo de la historia lleva mi nombre". Entonces Julio Cesar
exclama orgulloso: "Pues la mía es tan inmensa que durante 2000 años todos
los títulos imperiales llevaban mi nombre". Por último, Einstein con
modestia exclama: "Yo solamente seguí las pistas que me daba la
naturaleza, pistas basadas en la belleza de la simetría... mi mayor logro es
solo que las leyes fundamentales de la naturaleza que explican la dinámica del
espacio y el tiempo de todo el Universo llevan mi nombre". Podéis imaginar
la cara de incredulidad de los asistentes... todos los logros de esos grandes y
carismáticos personajes no podían siquiera compararse con los del tímido
científico...
Cuando
Einstein expuso su teoría en 1916 nuestra concepción del Universo que habitamos
cambió para siempre. Posteriormente, durante el eclipse de Sol de 1919 el
astrónomo Arthur Eddington comprobó que la luz procedente de una estrella
lejana se curvaba debido a la masa del Sol y la magnitud de ese desplazamiento
coincidía con lo que predecía la Relatividad de Einstein. Una sola persona, con
un papel y un lápiz acababa de descubrir uno de los secretos más profundos del
Universo. Como veremos, la belleza de la teoría, aparte de sus extraordinarias
consecuencias, era que descansaba sobre un profundo concepto de simetría.
Geometría, sistemas de
referencia y simetría
Visualicemos
un momento un objeto cayendo en un campo gravitatorio como por ejemplo la
famosa manzana de Newton. Hay dos formas de tratar de explicar esta atracción:
una sencilla y "evidente" y otra "disparatada y exótica".
La primera es que existe una fuerza omnipresente e invisible que interacciona
con todos los tipos de materia que existen y que tira de ellos hacia el centro
de grandes concentraciones de masa como la Tierra. La segunda es que no existe
ninguna fuerza y que los cuerpos siempre siguen una trayectoria recta lo que
sucede es que en presencia de grandes masas el espacio entre los objetos se
acorta. La primera explicación parece evidente porque nosotros estamos
acostumbrados a un mundo que se describe sobre una geometría plana, por esto
siempre decimos que el camino más corto entre dos puntos es una línea recta. Si
dos objetos están separados 5 metros de distancia y los juntamos hasta solo 2
metros significa que los hemos acercado 3 metros y que el espacio que ocupaba
anteriormente sigue estando ahí de forma inamovible. ¿Cómo podría ser de otra
forma? Sin embargo, ¿es realmente el espacio un escenario rígido y estático?
Cojamos una
hoja de papel y dibujemos una línea recta entre dos puntos:

No hay
ninguna duda de que la recta es el camino más corto entre los dos puntos. Un
observador que solo pueda hacer medidas locales como por ejemplo una hormiga
que camina sobre la línea coincidirá que camina sobre una recta. En esta
geometría un observador local en reposo que observa un rayo de luz observará
una trayectoria recta. Pero, ¿Qué sucedería si este observador se encuentra en
una nave que está acelerando de forma constante? Entonces la trayectoria del
rayo de luz sería ¡una línea curva!

Izquierda: la trayectoria de
un rayo de luz en el cohete en reposo es una línea recta. Derecha: cuando el
cohete acelera la trayectoria de la luz, observada desde la nave parece
curvarse en sentido contrario a la dirección de movimiento
A
continuación doblemos la hoja de papel formando un cilindro:

De nuevo un
observador local como la hormiga seguirá creyendo que viaja en una línea recta.
Sin embargo, si la hormiga pudiese hacer medidas no locales o si pudiera mirar
la geometría "desde fuera" entonces podría observar claramente la
curvatura del cilindro. Por tanto, un observador no local o uno que observe el
rayo de luz "desde fuera" observaría que el rayo de luz viaja en una
trayectoria curva (1). Para este observador no local los movimientos de los
objetos siguen una trayectoria en forma de hélice como si una fuerza los
atrajese "hacia dentro", por supuesto esa "fuerza" es
debida a la curvatura del cilindro.
Es ahora
cuando llegamos al punto clave: Einstein sabía que la masa inercial de un
cuerpo es igual a la masa gravitatoria por lo que postuló una equivalencia
entre aceleración y gravedad: un observador en caída libre en un campo
gravitatorio y un observador dentro de una nave que acelera de forma constante
deben medir, localmente, los mismos fenómenos físicos. Este es el famoso principio
de equivalencia.
La idea clave
de Einstein era que las magnitudes físicas fundamentales de los fenómenos
naturales no podían depender de si el sistema de referencia es inercial o
acelerado. Esta es la simetría fundamental de la cual emerge la belleza de la
relatividad general: la simetría que exige que las leyes fundamentales de la
física no cambien cuando cambiamos el sistema de referencia. De esta forma todos
los observadores, independientemente de su estado de movimiento, deben observar
las mismas leyes fundamentales. Esta simetría se denomina covarianza
general y es la simetría fundamental de la relatividad general. La relatividad
especial ya nos enseñó que para que las leyes de la física entre dos
observadores inerciales no cambie y ambos coincidan en que la velocidad de la
luz es c, el espacio debe contraerse y el tiempo debe dilatarse. Incluir en
este esquema sistemas acelerados implica algo más increíble todavía: el
espacio y el tiempo no pueden ser estáticos sino que tienen que curvarse en
presencia de masa-energía. Este hecho, demostrado empíricamente por miles
de experimentos es algo tan radical y tan ajeno a nuestro mundo cotidiano que
todavía hoy más de un siglo después de su descubrimiento aún estamos digiriendo
sus tremendas consecuencias.
Las extraordinarias
consecuencias de la teoría
A
continuación veremos, a modo de ejemplo, dos consecuencias increíbles de la
teoría más bella de la física:
1º) La órbita de la Tierra alrededor
del Sol
La imagen
tradicional que prácticamente todo el mundo tiene de la órbita terrestre
alrededor del Sol es falsa (mejor dicho, es solo aproximada), la
realidad es muy diferente: la Tierra se mueve en "línea recta"
(siguiendo una geodésica) pero en un espacio-tiempo curvo de 4 dimensiones.
¿Quién dijo que la realidad no puede superar la ficción?
Para
visualizar esto de forma intuitiva podemos recuperar el ejemplo del cilindro
anterior. El eje del cilindro representa el tiempo y la superficie representa
el espacio. Podemos considerar que el Sol se encuentra situado en el centro del
cilindro y que su enorme masa produce la curvatura del espacio-tiempo
representada por la superficie del cilindro. La "recta" (geodésica)
dibujada sobre el cilindro sería la trayectoria de la Tierra que avanza en el
tiempo girando en forma de hélice alrededor del Sol. Si realizamos una sección
transversal en un instante concreto de esta trayectoria obtendremos la elipse
que observamos en la realidad. ¡ Estamos observando
las secciones tridimensionales de un Universo cuatridimensional !

Representación esquemática de
la órbita terrestre. Esta representación es únicamente una analogía
bidimensional y no constituye una representación matemática del espacio-tiempo
real alrededor del Sol
2º) La atracción gravitatoria terrestre
La
explicación de porqué usted no sale despedido al espacio en este mismo instante
no es porque una fuerza extraña le mantenga pegado al suelo sino porque la
Tierra y usted (suponiendo que estuviese en caída libre) siguen trayectorias
rectas (geodésicas) en un espacio-tiempo de 4 dimensiones y esas líneas
"rectas" se juntan en el tiempo. En relatividad general los cuerpos
siguen las trayectorias más cortas (2) en el espacio-tiempo (no solo hay que
considerar la geometría espacial sino también la temporal). Estas trayectorias
se llaman geodésicas y vienen dadas por la ecuación:

Si
consideramos dos trayectorias geodésicas de dos cuerpos próximos como la Tierra
y nosotros entonces encontramos que estas geodésicas se van acercando una a la
otra según pasa el tiempo.

Los cuerpos siguen
trayectorias geodésicas en un espacio-tiempo curvo de 4 dimensiones. Si
consideramos dos cuerpos en reposo como usted y la Tierra estas trayectorias se
acercan la una a la otra en el tiempo
¡Esta es la
verdadera "fuerza" de atracción entre nosotros y el planeta
Tierra!
Matemáticas, física y realidad
Pero, ¿Cómo
es esto posible?, ¿Cómo se puede comprobar que todo esto es real? Para darnos
cuenta de que esta teoría aparentemente tan exótica describe nuestro Universo
real debemos analizar algún efecto medible experimentalmente que no pueda ser
explicado mediante la fuerza a distancia de la ley de Newton. El ejemplo más
claro y sencillo es la órbita anómala de Mercurio. Debido al tirón gravitatorio
del resto de planetas cuando estos se acercan, las leyes de Newton predicen que
las orbitas de los planetas se desplazan ligeramente dentro del plano de la
órbita (movimiento de precesión):

Movimiento de precesión de la
órbita elíptica donde el Sol está en uno de los focos de la elipse
Desde finales
del siglo XIX y principios del siglo XX ciertas mediciones astronómicas habían
estado centradas en medir el valor de la precesión de la órbita del planeta más
cercano al sol: Mercurio. Las observaciones midieron que la órbita de Mercurio
se desplazaba 5600 arco-segundos por siglo. Las ecuaciones de Newton, teniendo
en cuenta todas las interacciones de los demás planetas, la deformación ligera
del Sol debido a su propia rotación y teniendo en cuenta la propia rotación y
traslación de la Tierra alrededor del Sol predicen una precesión de 5557
arcosegundos por siglo, es decir, existe una discrepancia de 43 arcosegundos
por siglo respecto a las mediciones. Esta discrepancia, aunque pequeña
empezó a constituir un problema serio para los astrofísicos ya que a lo largo
de los años de observación la diferencia se acumulaba y aumentaba notablemente.
Varias teorías fueron propuestas para explicar la discrepancia pero ninguna
funcionaba de forma satisfactoria.
El 18 de
Noviembre de 1915 un año antes de publicar la relatividad general, Einstein
estaba trabajando en Berlín. Aunque su teoría aún no estaba finalizada Einstein
tenía una solución aproximada a sus ecuaciones. Esta solución implicaba que
cerca de una gran masa esférica el espacio y el tiempo se curvaban siguiendo la
siguiente métrica:
(ds)² = (1 - 2M/r) (dt)² - (1 + 2M/r) (dr)²
- r² (dØ)² - r² sen² (Ø) (df)²
Esta métrica
implica que la curvatura en la órbita viene dada por:

Teniendo en
cuenta que G = 6.674215·10-11 m3/kg-seg² , la masa del
Sol M es igual a 1.99·1030 Kilogramos encontramos que GM/c² = (6.674215·10-11)
(1.99·1030) /(3·108)² = 1.476 Kilómetros. Esta es una distancia muy pequeña si
la comparamos con la distancia del perihelio de Mercurio de 46 millones de
kilómetros al centro del Sol. Por lo tanto, el desplazamiento angular del
perihelio por revolución es una cantidad muy pequeña. Utilizando directamente
la fórmula de arriba, obtenemos dØ = 4.99·10-7 radianes por órbita, lo cual
utilizando la conversión: 2pi radianes = 360 grados = 21,600 minutos =
1.296·106 segundos 1 segundo de arco = 1" arco = 4.848·10-6 radianes
encontramos que equivale a (4.99·10-7)/(4.848·10-6) =
0.103 segundos de arco por revolución. Puesto que Mercurio le da la vuelta al
Sol cada 87.969 días tenemos: (87.969 días) /(365
días/año) = 0.241 año/revolución. Entonces, el desplazamiento angular dØ de la
órbita a causa de la precesión es igual a: dØ = (0.103"/revolución)/(0.241
año/revolución). Por tanto, obtenemos que dØ = 0.43"/año = 43"/siglo.
¡Los cálculos
de Einstein explicaban de forma exacta la discrepancia medida experimentalmente
por los astrónomos! Esta pequeña curvatura se debe a la masa del Sol y solo es
apreciable en Mercurio porque es el planeta con la órbita más cercana al Sol.
La relatividad general explica de forma natural esta curvatura.

La luz de una estrella es
curvada cerca del Sol, este mismo efecto produce una perturbación en la órbita
de Mercurio: cuando este pasa cerca del Sol la curvatura del espacio-tiempo
produce una precesión en la órbita.
Imaginar la
emoción de Einstein cuando obtuvo este resultado, en ese momento Einstein supo
que su teoría era correcta y que iba a producir una de las revoluciones
científicas más grandes de la historia de la humanidad modificando totalmente
nuestras concepciones del espacio, el tiempo y la gravedad. El espacio y el
tiempo ya no son entidades separadas sino que forman parte de un todo
4-dimensional y la gravedad ya no es una fuerza en el sentido convencional sino
que es el resultado de una deformación del espacio-tiempo: no existe
"algo" que tira de "algo" sino que es el propio
espacio-tiempo el que se "acorta" entre los objetos bajo la acción de
la masa-energía.
Notas:
(1) La
geometría intrínseca del cilindro es cero por lo que la superficie del cilindro
puede extenderse completamente en un plano. Por otro lado, esto sería imposible
con la superficie de una esfera. El ejemplo del cilindro se ha escogido por ser
más intuitivo, en realidad, la relatividad general utiliza geometrías curvas de
4 dimensiones.
(2) En
realidad es más correcto decir que los cuerpos siguen las trayectorias que
extremizan el tiempo propio.
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