REALIDAD COMPLEJA
(II)
En esta segunda parte
trataré de dar una explicación a las "paradojas" cuánticas que vimos
en la primera parte. Antes de comenzar hay que señalar que los experimentos del
artículo anterior no representan realmente ninguna paradoja ya que son
completamente explicables con la formulación estándar de la mecánica cuántica;
sin embargo, en esta segunda parte ofreceré un enfoque diferente basándome en
el formalismo de la mecánica cuántica de las integrales de camino de Feynman.
La mecánica cuántica como integrales de
camino
La evolución de un sistema
cuántico como por ejemplo una partícula fundamental viene dada por la ecuación
de Schrödinger:

La solución a esta ecuación consiste en un sistema de dos ondas planas
complejas:

Estas ondas pueden
expresarse de forma equivalente como:

Sabemos que la acción S de
un sistema viene dada por el Lagrangiano que en este caso es precisamente la
diferencia px-Et:

Por tanto nuestra onda plana puede expresarse como:

Este es el objeto principal del artículo. Es fácil ver que S no solo es la
acción asociada a la partícula sino que también es su fase compleja.
Consideremos ahora el
famoso experimento de la doble rendija:

La probabilidad de que la pantalla registre el electrón cuando solo la rendija
1 está abierta es P1 mientras que la probabilidad cuando solo la rendija 2 está
abierta es P2. Clásicamente esperaríamos encontrar que la probabilidad total P
sea la suma de ambas probabilidades P=P1+P2 pero lo que realmente encontramos
es:

Donde Psi 1 y Psi 2 son dos
funciones complejas, es decir, funciones con una amplitud y una fase. La
probabilidad final es el módulo de la suma de dichas funciones
complejas. Es decir, la probabilidad total es:

Donde el último término es
el término de interferencia que produce las famosas franjas de interferencia
cuántica. Este término puede expresarse como:

Estas dos últimas expresiones
nos dan la clave de la "extrañeza" del mundo cuántico: para calcular
la probabilidad de que el electrón alcance un punto de la pantalla debemos
sumar las amplitudes asociadas a cada trayecto y tener en cuenta el
término de interferencia entre ambos trayectos. Este último término se
calcula restando las fases asociadas a cada trayecto por tanto, las fases que
apuntan en la misma dirección se refuerzan mientras que las fases opuestas se
cancelan. Todo esto significa que en nuestro experimento lo que realmente
determina las magnitudes que podemos medir es un patrón de interferencia
complejo entre funciones complejas asociadas a cada trayecto. Esto apunta a
una realidad formada por funciones complejas.
S es el valor de la acción
asociada al trayecto. Por tanto, en el experimento de la doble rendija, para
calcular la probabilidad correcta debemos evaluar dos trayectos diferentes con
acciones S1 y S2:

A continuación nos preguntamos ¿Qué sucede si abrimos más rendijas? Si abrimos
n rendijas las probabilidades serán:

Es decir la probabilidad total se calcula considerando todos los caminos
posibles (rendijas) entre la fuente y la pantalla. Esta es la visión de la
mecánica cuántica que Feynman descubrió: la probabilidad de que una partícula
se propague del punto A al punto B en un cierto intervalo de tiempo es igual a
la suma de las amplitudes asociadas a todos los posibles caminos entre A y B.
Por tanto, la función de onda anterior puede considerarse como una superposición
de trayectos.
Es ahora cuando llegamos al
punto clave: si consideramos distancias macroscópicas donde la acción es mucho
mayor que h entonces la fase tiene un valor enorme y por tanto oscila muy
rápido. Por tanto, la diferencia de fase entre caminos muy cercanos es muy
grande (prácticamente tienen ángulos aleatorios) de forma que se cancelan de
forma casi exacta. De esta forma, solo la trayectoria clásica sobrevive: la
trayectoria donde la variación de la acción es nula (cumpliendo así con el
principio universal de mínima acción). Este es el punto clave del artículo: el
mundo clásico solo surge por cancelación de las probabilidades cuánticas,
es decir, nuestro Universo clásico es solo un caso especial de la
verdadera realidad: un mundo cuántico basado en patrones de interferencia complejos.
Entender este punto y sus
consecuencias es la clave para explicar las aparentes paradojas que vimos
anteriormente y explicar además muchos de los fenómenos más contraintuitivos de
la física fundamental. El espacio-tiempo es cuántico a nivel fundamental, el
trayecto entre el emisor y el receptor no está fijado de antemano, este solo
surge como resultado de un patrón de interferencias con amplitudes y fases
complejas. Ahora ya estamos en disposición de abordar las paradojas que
describimos en el primer apartado.
La bomba en el interferómetro de luz
Como hemos visto para
calcular la probabilidad de que el fotón llegue al detector final debemos sumar
las amplitudes complejas asociadas a los dos trayectos:

La clave está en el último
término que es el término de interferencia.
Si no hay detector (bomba)
ambos trayectos son idénticos e indistinguibles. El término de interferencia
implica que en D1 tenemos interferencia destructiva y por tanto P=0 mientras
que en D2 tenemos interferencia constructiva y por tanto P=1. Como resultado
observamos el patrón de interferencia en D2.
El hecho de colocar el
detector en el experimento produce uno de los fenómenos más extraños y
contraintuitivos del mundo cuántico: la decoherencia. En la práctica el
detector está compuesto por millones de átomos lo que se traduce en un sistema
con un enorme número de grados de libertad. Al colocar el detector este
interactúa con el entorno y por tanto queda entrelazado con el experimento.
Tenemos ahora dos funciones de onda en el experimento: la función de onda del
fotón con solo dos estados y la función de onda del detector con un número
inmenso de estados. Para que haya entrelazamiento entre las dos debe existir un
"solapamiento" entre los estados de ambas funciones de onda (más
concretamente un solapamiento en el estado de fases). Cuando no había detector
este solapamiento existía porque solo teníamos la función de onda del fotón
pero ahora este solapamiento es estadísticamente muy improbable debido al
enorme número de grados de libertad. El resultado de esto es que la
interferencia desaparece.

En la nomenclatura de las
integrales de camino que estamos usando tenemos que una vez colocado el
detector la amplitud total es:

Ahora ambos caminos son distinguibles: si pasa por el camino 1 la bomba explota
y si pasa por el camino 2 la bomba queda intacta. Pero estos dos estados son estados
ortogonales (corresponden a estados de certeza o probabilidad 100%) de la
misma forma que en un qbit representado por una esfera de Bloch los estados 0 y
1 se encuentran en los extremos opuestos de la esfera:

Esto quiere decir que su producto interno (producto vectorial) es cero:

Por tanto, el término de
interferencia desaparece:

Esto quiere decir que tenemos dos caminos independientes que no interfieren y
por tanto la bomba explotará en el 50% de las ocasiones. Por tanto, si es
posible saber si el camino 2 está obstruido: esto será cierto cuando el
detector D1 se active. Esto no es ninguna paradoja sino que es la
consecuencia de uno de los procesos más fundamentales de la mecánica cuántica:
la decoherencia inducida por el entorno.
La luz de un quásar lejano
La probabilidad de que un
fotón emitido por el quásar sea detectado en la Tierra se calcula teniendo en
cuenta todos los posibles trayectos entre ellos. Como la distancia es inmensa
la fase de la función de onda es muchísimo mayor que h y por tanto la amplitud
asociada a todos los trayectos se cancela excepto los trayectos de mínima
acción asociados a los trayectos que rodean la galaxia S1 Y S2. Este fenómeno
es completamente análogo al divisor de haz que vimos anteriormente: si no se
coloca ningún detector en uno de los trayectos se detectará el patrón de
interferencia en la Tierra, si se coloca el detector no se medirá interferencia
en la Tierra, esto no es ninguna paradoja y por supuesto no existe ninguna
violación de la causalidad.

En la práctica, la luz y
las partículas emitidas por la galaxia producen la decoherencia de la función
de onda del fotón y rompen el patrón de interferencia, de hecho, en la famosa
imagen de la cruz de Einstein los cuatro puntos luminosos que se observan
corresponden a la misma imagen del quásar lejano y no se observa ningún patrón
de interferencia.
El experimento de la doble rendija
Este experimento también es
análogo al caso del interferómetro. Si no colocamos el detector en ninguna de
las rendijas la amplitud total será la suma de las amplitudes asociadas a cada
rendija:

Por tanto, observaremos el
patrón de interferencia en la pantalla. Si colocamos un detector en una de las
rendijas sus estados quedan correlacionados con el entorno y la amplitud total
será:

Pero como en el caso del
interferómetro los estados D1 y D2 son ortogonales y por tanto, la
interferencia entre ambos es cero. Pero entonces, ¿Qué sucede si colocamos el
detector después de que el fotón haya atravesado las rendijas? Las
integrales de camino de Feynman se evalúan fijando una posición y un tiempo
inicial y una posición y un tiempo final por lo que el patrón de interferencia
que prevalece es el que exista en el instante final, es decir, cuando el
electrón es detectado. Por tanto, si colocamos el detector después de que el
fotón atraviese las rendijas y este permanece activo en el experimento en el
momento de la medición no detectaremos el patrón de interferencia en la
pantalla.

El experimento del espejo de Feynman
Es en este experimento
donde veremos el poder de las integrales de camino en todo su esplendor. Dividiremos
el experimento en cinco fases:
1º) En primer lugar
partimos de que el sistema es cuántico por naturaleza y lo que tenemos
inicialmente es un patrón de interferencia de amplitudes y fases complejas. Por
tanto, no tenemos ningún trayecto clásico preseleccionado, no hay trayectorias
solo hay un patrón de interferencia complejo:

Este patrón de
interferencia puede considerarse como una superposición de posibles
trayectorias.
2º) Las amplitudes y las fases
de distintas zonas interfieren de forma que las amplitudes donde las fases
varían muy rápidamente se cancelan. La única zona del patrón de interferencia
donde la fase no varía es la zona central del espejo correspondiente a la
mínima acción (trayecto más corto) donde se cumple que dS/dx=0.

3º) En esta zona central
las fases apuntan en la misma dirección y sus amplitudes se refuerzan, entonces
surge un trayecto clásico por el que la luz puede propagarse.
¡La luz comienza a
reflejarse en el espejo!

4º) Al cortar las 3/4 partes del espejo el patrón de interferencia complejo se
ha modificado: la única zona donde existía una trayectoria clásica ha sido
eliminada y por tanto la luz ya no se refleja en el espejo.

5º) Al rayar solamente unas zonas muy concretas el patrón de interferencia
compleja vuelve a cambiar: ahora ciertas fases que giraban de forma aleatoria y
se cancelaban desaparecen. Esto hace que la cancelación no sea perfecta y
ciertas fases están ahora orientadas y reforzadas. Vuelve a surgir un trayecto
clásico y ¡El espejo vuelve a reflejar la luz!

Todo esto apunta a la existencia de un mundo gobernado por amplitudes y fases
complejas. A escala cosmológica este mundo encajaría de forma natural en lo que
se denomina la función de onda del Universo. Esta visión será objeto de un
nuevo artículo en el que demostraré que este Universo complejo podrá ser
visualizado en todo su esplendor.
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