TUNELES EXOTICOS

En
diversos artículos de divulgación recientes aparecen especulaciones sobre algo
que se ha traducido generalmente como "agujero de gusano" (Wormhole
en inglés), pero que en realidad, si vemos su topología y el verdadero sentido
de la palabra inglesa, corresponde llamar "túnel de gusano". Lo más
importante es que estos túneles del espacio-tiempo podrían permitir saltarse
algunas reglas del sentido común y la física estándar y viajar muy lejos en el
espacio. Para dar un ejemplo muy gráfico, la máquina que construyen en la
película Contacto siguiendo los planos transmitidos por un civilización lejana sirve para abrir una especie de túnel
espectral por el cual se desliza la cápsula que lleva a la protagonista, que
alcanza así en apenas segundos distancias que llevarían generaciones, aún a la
velocidad de la luz. Este túnel de nebulosos contornos no es otra cosa que un
túnel de gusano. El autor de la novela que originó la película, el famoso
astrónomo fallecido Carl Sagan, se asesoró con especialistas para saber si algo
así tenía alguna posibilidad de existir. El estudio realizado por un colega de
Sagan no sólo sirvió para la película, sino que ha originado un buen cimiento
científico para el análisis de esta extraña posibilidad. El artículo que
publicó este especialista luego de asesorar al escritor sigue siendo centro de
especulaciones, teorías y descubrimientos.
¿Podrían
transportar gente los túneles de gusano?
Si
bien no pude encontrar que se afirme en ningún sitio, parecería que existen dos
tipos de túneles o agujeros de gusano. Están los que conectarían un agujero
negro (en rotación... o no) con un agujero blanco (un objeto aún más teórico
que lo que fueron los negros hasta hace poco) —es decir que son macroscópicos—
y también los que existirían en la espuma cuántica, de tamaño
inconmensurablemente pequeño, pero que se podrían estirar hasta permitir el
paso de un viajero por él. Puede ser que ambos surjan de la misma
interpretación de las ecuaciones de la teoría de la relatividad y de la
mecánica cuántica, y puede ser que no.

Túneles de gusano macroscópicos
Los
agujeros negros son objetos masivos (estrellas) que han colapsado a causa de su
propia gravitación hasta convertirse en lo que la física llama
"singularidad". Una singularidad es, en matemáticas, una situación en
la que una determinada ecuación no da resultados válidos porque los valores se
escapan hacia el infinito. En física, es una zona del espacio-tiempo en la que
no se cumplen las ecuaciones que describen el universo, o leyes físicas. Se
describe en este caso como una región puntual con densidad infinita, rodeada
por lo que se llama "horizonte eventual" (o "de eventos").
En la singularidad de densidad infinita este "horizonte" marca un
límite, de forma esférica, alrededor del punto a partir del cual ya no es
posible librarse de la fuerza gravitatoria, porque la velocidad de escape
necesaria sería superior a la velocidad de la luz. Eso es, simplificando, un
agujero negro.
La
descripción relativista de este tipo de objetos fue obra de Karl Schwarzschild,
quien en el año 1916 calculó las características del campo gravitatorio de una
estrella masiva estacionaria. La métrica de Schwarzschild admite soluciones que
surgen de la raíz cuadrada de números negativos y positivos. El resultado de
los positivos es el agujero negro y el de los negativos algo a lo que se llamó agujero
blanco. La geometría completa de Schwarzschild consiste de un agujero negro, un
agujero blanco y dos universos conectados a través de sus horizontes por un
túnel (o agujero) de gusano.
Como
dijimos, la solución negativa implica un agujero blanco, que sería un agujero
negro que se mueve hacia atrás en el tiempo. Del mismo modo que los agujeros
negros se tragan los objetos irremediablemente, los blancos los expulsan de su
horizonte. Pero hay un problema: los agujeros blancos no pueden existir, ya que
violan la segunda ley de la termodinámica.
Pero
—siguen los peros— la Relatividad General es simétrica en el tiempo. No
reconoce la segunda ley de la termodinámica y no considera en qué sentido
ocurren las causas y los efectos. La solución negativa de la raíz cuadrada
fuera del horizonte representa otro universo. La segunda ley de la
termodinámica, la de la conservación de la energía, se cumple si se consideran
los dos universos. El que tiene el agujero negro pierde una energía pero ésta
no desaparece de la existencia porque surge en el otro universo desde el
agujero blanco. De este modo, nada desaparece en la nada ni nada brota de la
nada. El túnel de gusano une dos universos separados y se lo conoce como el
Puente de Einstein-Rosen.
Todo
es muy difícil de entender con el sentido común, porque son conclusiones
puramente matemáticas extraídas de sistemas de ecuaciones tremendamente
complejos.
La
mayoría de los físicos de la época, incluyendo al mismo Einstein, adoptaron una
actitud escéptica al no creer que pudieran existir objetos como los agujeros
negros en el universo real. Ni hablar de los agujeros blancos. En 1939, sin
embargo, los físicos norteamericanos J. Oppenheimer (quien años más tarde
lideraría los esfuerzos estadounidenses para producir la bomba atómica) y
Hartland Snyder (en ese momento un estudiante de postgrado) demostraron por
medio de cálculos detallados que, al terminarse su combustible nuclear,
cualquier estrella cuya masa sea al menos tres veces mayor que la del Sol
termina por colapsar bajo la acción de la fuerza gravitatoria que genera su
propia masa. Los cálculos de Oppenheimer y Snyder indicaban que el colapso no
se detiene (como sostenían los detractores de la idea de los agujeros negros),
sino que continúa hasta que el radio de la estrella se hace inferior al radio
crítico y se forma un agujero en el propio espacio-tiempo.
Algunos detalles
sobre estas cuestiones tan raras
Aún
después de la publicación de los hallazgos de Oppenheimer y Snyder, la mayoría
de los físicos siguió negando la existencia de los agujeros negros,
principalmente porque la solución de Oppenheimer y Snyder presentaba
características que en ese momento fueron catalogadas como "extra
físicas". Entre ellas sobresalía el hecho de que para dos valores
específicos de una de las coordenadas, ciertas funciones asociadas con la
distancia entre dos puntos del espacio-tiempo se hacían divergentes.
John
Archibald Wheeler, uno de los más grandes científicos del siglo XX, lideró la
oposición a la existencia de agujeros negros durante un tiempo. Wheeler (quien
durante los años 50 dirigió el desarrollo de la bomba de hidrógeno) sostenía
que los cálculos de Oppenheimer y Snyder contenían demasiadas idealizaciones
(es decir, simplificaciones de los datos a fin de disponer de un modelo susceptible
a su tratamiento matemático). Sin embargo, hacia 1958 cambió su posición y
retiró sus objeciones cuando, al rehacer los cálculos de Oppenheimer y Snyder
teniendo en cuenta correcciones provenientes de la física nuclear, comprobó que
estos autores tenían razón al postular que era inevitable la formación de un
agujero. Wheeler se transformó, desde entonces, en uno de los líderes en la
investigación de objetos colapsados por acción de la gravedad.
Pero
subsistían aún las dudas acerca de la existencia de los agujeros negros debido
a las divergencias en la geometría del espacio-tiempo ya mencionadas. Los
científicos se preguntaban si era ésta una característica fundamental del
espacio-tiempo de Schwarzschild o más bien era la consecuencia de la incorrecta
elección de las coordenadas utilizadas para describirlo. También generaba dudas
el hecho de que la solución predice la existencia de un punto de curvatura
infinita (vale decir, un punto en el cual la fuerza gravitatoria es infinita, y
el espacio-tiempo deja de existir de acuerdo con la Relatividad General), al
que se denomina singularidad.
En
1960, Martin Kruskal y colegas hicieron una revisión. Para eso utilizaron un
nuevo sistema de coordenadas, que incorpora al anterior usando un procedimiento
matemático llamado extensión analítica. Lograron demostrar que la solución de
Schwarzschild no representa a un único universo sino a dos: uno es el
principal, llamado primario porque es donde residimos nosotros, y otro,
inaccesible, que es el secundario, limitando con el primero en la singularidad
y aislado del universo primario por un horizonte de eventos. La ubicación del
horizonte, como ya explicamos, está dada por la frontera a partir de la cual la
luz y otras radiaciones electromagnéticas no pueden escapar. Las propiedades de
este suceso no habían sido estudiadas durante las primeras etapas del
desarrollo de la Relatividad General debido a que no tenía sentido, ya que el
radio al cual aparece el horizonte se encuentra siempre en el interior de los
cuerpos —y allí la solución de Schwarzschild no es válida— cuando éstos no son
suficientemente masivos y compactos. En una estrella como el Sol, por ejemplo,
el radio de Schwarzschild se ubica a tres kilómetros de su centro, mientras que
el radio solar es de miles y miles de kilómetros.
Los
estudios de la solución de Schwarzschild en este rango de distancias cobraron
importancia cuando los físicos consideraron con seriedad la existencia de
objetos superdensos. Utilizando las coordenadas de Kruskal, se demostró que
ningún objeto que se desplace a velocidades menores que la de la luz puede
evitar caer en la singularidad antes de alcanzar el universo secundario. Aunque
existe un "puente" conectando ambos universos (recordemos que se le
llama puente de Einstein-Rosen), el problema es que éste evoluciona con el
tiempo de tal modo que se cierra sobre sí mismo antes de que cualquier objeto
pueda atravesarlo.
A
pesar de ello, el descubrimiento de estas nuevas propiedades de la solución de
Schwarzschild despertó el interés en el estudio de estructuras topológicas (es
decir, de las formas) que presentan los puentes o túneles que pudieran ser
atravesables para unir así distintas regiones del espacio-tiempo.
¿Pero...
se puede viajar por ellos?
A
fines de los años 80, Carl Sagan, que se encontraba escribiendo su novela de
ciencia ficción Contact ("Contacto"), consultó a Kip Thorne,
titular de la cátedra Feynman en el Instituto Tecnológico de California
(Caltech) sobre la posibilidad de utilizar agujeros negros para realizar viajes
interestelares. Esa consulta provocó el interés de Thorne, que retomó la idea
de atravesar los túneles. Luego de trabajar un tiempo sobre el asunto explicó a
Sagan que no se puede atravesar los agujeros negros de Schwarzschild a causa de
la presencia de la singularidad y del horizonte de eventos que ya describimos.
En opinión de Thorne, la estructura que Sagan estaba buscando para fundamentar
el argumento de su novela era aquella solución de las ecuaciones de Relatividad
General que se conoce hoy como túnel o agujero de gusano, y que puede
imaginarse como un túnel que une regiones no contiguas del espacio-tiempo.
Pero
Thorne se quedó con la idea en la cabeza. Junto con sus alumnos Mike Morris y
Ulvi Yurtsever se dedicó al estudio de las características que debería tener la
materia que constituye el túnel para poder distorsionar el espacio-tiempo de
modo que la conexión se volviese permanente y atravesable. Utilizando las
ecuaciones de Einstein, lograron demostrar que el túnel se mantendría abierto
si sus paredes fueran de materia exótica, una materia que a diferencia
de la normal debe poseer masa negativa (en el argot técnico, su tensión radial
debe ser mayor que su densidad de energía). De este material se dice que viola
las condiciones de energía. Sin embargo, al menos teóricamente, puede existir y
se la podría encontrar en algunos lugares del universo.

La
materia exótica
Supongamos
por un momento que los agujeros de gusano existen. ¿Están constituidos por la
misma clase de materia que otros objetos, como estrellas o planetas? ¿Qué tipo
de materia es capaz de soportar la estructura de túnel y garganta, típica de un
agujero de gusano?
Para
responder a estas preguntas imaginemos dos partículas, o dos rayos de luz, que
entran por una de las bocas de un agujero de gusano siguiendo una trayectoria
radial. A medida que se acercan a la garganta, ambas trayectorias se aproximan
es decir, son convergentes). Sin embargo, luego de cruzar la garganta, las trayectorias
se separan porque allí el espacio-tiempo está curvado de manera tal que ahora
éstas divergen. Este efecto, que podríamos llamar de repulsión, no puede ser
producido por ninguna clase de materia "normal", ya que ésta sólo
ejerce fuerzas de atracción sobre otros objetos. Se necesita entonces un tipo
de materia que repela en vez de atraer y que curve el espacio-tiempo de forma
de generar una circunferencia de radio mínimo (es decir, la garganta). Esta
materia se conoce con el nombre de materia exótica. Técnicamente, se dice que
este tipo de materia viola las Condiciones de Energía, CE. Las CE son
relaciones simples entre la densidad de energía y la presión de la materia que
se conjeturan en numerosos teoremas de la Relatividad General, justamente aquellos
que prueban la existencia de singularidades. Expresan, por ejemplo, que la
densidad de energía es positiva para todo sistema de referencia. Sin bien se
conocen violaciones a las CE, todas ellas son de origen cuántico y
extremadamente pequeñas. Si este tipo exótico de materia puede existir en
cantidades microscópicas es un asunto aún no resuelto. Si así fuera, podrían
existir agujeros de gusano con masas de tamaños estelares y tener efectos
observables de carácter astrofísico.
Puede
visualizarse mejor lo que ocurre en la garganta de un agujero de gusano por
medio de la analogía con un arco romano típico. La disposición de los ladrillos
es tal que para vencer la fuerza de atracción gravitatoria (que tiende a
derrumbar el arco) se requiere de una tensión de igual magnitud y de sentido
contrario (hacia arriba). Para que esto ocurra, los ladrillos deben estar
colocados de forma tal que la fuerza en la dirección horizontal que los
ladrillos de la izquierda ejercen sobre el ladrillo central debe verse compensada
por una de igual intensidad y sentido opuesto debida a los ladrillos de la
derecha y, además, las componentes verticales debidas a las presiones de los
ladrillos se deben sumar para obtener una tensión resultante hacia arriba de
igual magnitud que la fuerza gravitatoria.
Cuando
se trasladan estas ideas al escenario de un agujero de gusano entra en juego el
problema del orden de magnitud de las fuerzas. La tensión requerida para
contrarrestar la atracción gravitatoria que ejerce la Tierra sobre los cuerpos
es muchísimo menor que la necesaria para impedir el colapso de un agujero de
gusano. Para tener una idea sobre los valores involucrados digamos que la
tensión en la garganta debería ser de aproximadamente 1037dinas/cm2
para un radio de 3 kilómetros. Esta es una tensión enorme equivalente al valor
de la presión en el centro de las estrellas de neutrones con mayores masas. No
se conocen en la naturaleza materiales que sean capaces de soportar tensiones
de esta magnitud; tampoco pueden ser obtenidos artificialmente en el más
sofisticado de los laboratorios.
En
realidad no se sabe aún con certeza si tal tipo de materia puede existir hoy o
puede haber existido en alguna etapa temprana del universo. Uno de los
candidatos más aptos para poder formar cantidades macroscópicas de materia
exótica podría ser un material en el que las fuerzas repulsivas de corto
alcance (debidas a los efectos del spin de las partículas) equiparen a las
fuerzas de atracción gravitatoria debida a los términos de masa. En este
sentido, los estudios realizados por el físico de la Universidad de Princeton
David Kerlick, indican que la densidad crítica a partir de la cual esto sucede
es aproximadamente de 1047g/cm3 para electrones y 1054g/cm3
para neutrones. Tales densidades de materia solo son concebibles en el universo
primitivo. Otro mecanismo para obtener materia exótica se basa en una supuesta
variación en el tiempo de la constante universal de gravitación de Newton (G).
En este caso los términos de materia sufrirían correcciones debidas a un agente
externo que gobierna las interacciones gravitatorias indicando el nivel de
intensidad entre éstas. Sin embargo, aún no se ha podido determinar con certeza
si G realmente varía, aunque las cotas obtenidas en el sistema solar son muy
estrictas.
La
posibilidad de los túneles se "solidifica"
Si
existiera materia exótica en cantidades macroscópicas en algún lugar del
universo, la existencia de agujeros de gusano se haría más probable y tales
objetos, de hecho, se podrían utilizar para viajar a regiones distantes en
tiempos menores de los que se necesitarían si el viaje se hiciese por el
espacio "convencional".
El
artículo de Kip Thorne, M. Morris y U. Yurtsever fue publicado en el Physical
Review Letters en 1988. Se llamó Agujeros de gusano y la máquina del
tiempo. El análisis se hizo, al revés de lo que se acostumbra a hacer
en el terreno científico —investigar a partir de un fenómeno empírico y
procurar enlazarlo con una teoría científica—, indagando si era posible una
solución a las ecuaciones de Einstein en la que se pudiesen superar todos los
problemas que hasta entonces ofrecían las tesis sobre agujeros negros y
agujeros de gusano.
En la
solución aportada por Thorne, un viajero del espacio podría transitar por un
agujero de gusano, usándolo como atajo para ahorrar espacio y tiempo en su
viaje, sin verse destrozado por los efectos gravitatorios. El agujero de gusano
sería suficientemente estable y no se cerraría a mitad de recorrido.
Este agujero
de gusano atravesable —totalmente consistente con las fórmulas de la
relatividad general— permitiría un cómodo viaje. Las únicas imposibilidades que
tiene la teoría de Thorne —que pueden ser momentáneas, ya que son de orden
tecnológico— están en el tipo de materia y de energía involucradas, que hoy
resulta inalcanzable manejar. La materia tiene unas propiedades no usuales, de
ahí que se la haya bautizado con el nombre de exótica. La energía
debería de ser una energía negativa, una energía inferior a la del
vacío. Si pudiésemos producir objetos con energía negativa, entonces seríamos
capaces de originar configuraciones exóticas del espacio-tiempo en las que el
tiempo se curva.

Hoy
por hoy, con ideas como los agujeros de gusano, espacios múltiplemente
conectados y viajes por el tiempo, se está al borde de los límites de la teoría
de la relatividad general de Einstein. Parece requerirse un predominio teórico
de la cuántica. Pero los más audaces creen que el veredicto definitivo sobre el
viaje a través del espacio y en el tiempo exige una teoría que englobe tanto el
pensamiento de Einstein como el cuántico de la Escuela de Copenhague, y ésta
sería la teoría de las cuerdas.
Túneles cuánticos de gusano
Alrededor
de nosotros hay pequeñísimas puertas que conducen al resto del Universo. Estos
túneles cuánticos de gusano predichos por las ecuaciones de Einstein, ofrecen
un atajo para moverse al resto del cosmos más rápido que la luz; por lo menos
en principio. Ahora los físicos creen que pueden abrir esas puertas lo
suficiente como para permitir que alguien viaje a través de ellas.
Se
piensa que los túneles cuánticos de gusano son mucho más pequeños que los
protones o electrones. Hasta ahora nadie había trabajado sobre un modelo que
nos indique qué ocurre si algo los traspasara. Por esto, Sean Hayward de la Ewha
Womans University de Corea e Hisa-aki Shinkai del Riken Institute of
Physical and Chemical Research de Japón decidieron hacer las cuentas.
Descubrieron que cuando se mueve materia a través de ellos se les aporta
energía positiva, lo que los hace colapsar en un agujero negro, una región
masiva con una atracción gravitatoria tan fuerte que ni la luz puede escapar de
allí.
Pero
hay una manera de evitar que los viajeros resulten aplastados y desaparezcan,
conectada con un extraño campo de energía al que se le llama radiación
fantasma ("ghost radiation"). Esta radiación, predicha por la
teoría cuántica, es un campo de energía negativa que está embebido en la
energía positiva normal. Se han observado experimentalmente efectos similares.
Los investigadores encontraron que la radiación fantasma se puede usar para
compensar la energía positiva de la materia que viaja. Pero lograr un
equilibrio de fuerzas requiere un balance muy delicado. Agregando la cantidad
necesaria se puede prevenir el colapso del túnel de gusano. Si se utiliza más,
el túnel se puede ampliar lo suficiente como para permitir que alguien pase a
través de él.
Será un operación muy delicada. Si se agrega demasiada energía
negativa, el túnel de gusano explotará, creando un nuevo universo que se
expandirá a la velocidad de la luz, de una manera muy similar a como —según
dicen los astrofísicos— se expandió el nuestro inmediatamente después del Big
Bang.
Este
tipo de viaje espacial permanece, por ahora, en el reino de los experimentos
mentales. Se espera que el gran colisonador de hadrones del CERN,
ubicado en Suiza, sea capaz de generar un mini-agujero negro por segundo, lo
que sería una fuente potencial de túneles de gusano. Los físicos esperan enviar
partículas de tamaño cuántico a través de ellos. Claro que enviar una persona
será otra cosa. Mantener la amplitud necesaria del túnel requiere un campo
negativo equivalente a la energía que se liberaría al convertir la masa de
Júpiter.
Los
agujeros negros podrían funcionar como máquinas del tiempo
El
físico estadounidense Lawrence M. Krauss cree que sería posible tener una
máquina del tiempo en el espacio si se utiliza un agujero de gusano —una
especie de túnel— entre dos agujeros negros, y así se podría viajar de un lado
a otro del universo de forma inmediata.
Krauss,
cuyo libro 'La física de Star Trek', ha sido uno de los más vendidos en el
mundo, explicó en una conferencia ofrecida en el Museo de la Ciencia y el
Cosmos de Tenerife que si bien en el universo no existen agujeros de gusano
estables, sería posible utilizar la energía negativa que existe en el espacio
para conseguir una gravedad repulsiva en lugar de atractiva y que por ello los
mantuviera abiertos. De esta manera, añadió el profesor, podríamos
introducirnos en uno de esos agujeros y aparecer en otro lugar del universo
situándonos en un espacio temporal anterior.
Lawrence
M. Krauss, que ha impartido clases en universidades norteamericanas como Yale y
Harvard, es profesor en la Universidad Case Western Reserve, además de ser un
reconocido astrónomo a nivel mundial, y galardonado con números premios en el
campo de la astronomía.
© 2005 Javier de
Lucas