conjeturA de mAldAcenA

Hace casi
veinte años la teoría de cuerdas dio lugar a su resultado más impactante: la
conjetura de Maldacena. Según esta, la elusiva teoría cuántica de la gravedad podría
tener una descripción relativamente simple en términos de lo que ocurre en la
frontera del espacio-tiempo.
¿Puede ser
el universo descrito como un holograma? Algunas razones respaldan esta idea.
Uno de los aspectos más interesantes de las D-branas es que expresan de manera
alternativa las simetrías de dualidad que, como discutimos ya, la teoría de
cuerdas esconde en el seno de su formulación matemática Es decir: la existencia
de dos maneras equivalentes, pero de apariencia radicalmente distinta, para
describir un mismo fenómeno físico. El mejor ejemplo para ilustrarlo está en el
propio proceso de interacción entre dos de dichos objetos extendidos.
Consideremos un par de D-branas que interactúan mediante el intercambio de
cuerdas. En el diagrama de la izquierda de la figura 1 vemos cómo la fuerza que
una D-brana ejerce sobre la otra está representada por el intercambio de una
cuerda cerrada que se propaga libremente entre ambas. En el de la derecha, en
cambio, la interpretación del proceso de interacción es diferente y responde a
cuerdas abiertas que se propagan alrededor del cilindro imaginario que la
cuerda cerrada habría dibujado en su andar.
Ambas
descripciones deben ser indistinguibles, como se intuye a partir de la figura.
Son solo distintas formas de «recorrer» el mismo diagrama. A nivel del cálculo
matemático, los resultados son exactamente iguales gracias a una asombrosa
propiedad de la teoría, en particular, porque el diagrama de la izquierda
involucra el intercambio de gravitones, mientras que estos brillan por su
ausencia en el de la derecha.

Figura 1. Dos D-branas que interactúan mediante el intercambio de
cuerdas. La posibilidad de interpretar este proceso de más de una manera, como
un intercambio de cuerdas cerradas (izquierda) o abiertas (derecha), obteniendo
naturalmente el mismo resultado, expresa la simetría de dualidad de la teoría
de cuerdas.
Esto induce
a pensar que podría existir una formulación alternativa a la gravedad cuántica
en la que, por así decirlo, no haya gravitones. La dualidad entre cuerdas
cerradas y abiertas cuyos extremos se encuentran fijos sobre las D-branas es,
también, otra muestra de la extraña manera en que las cuerdas «sienten» la
estructura espacio-temporal, de una forma dual que nos permite recurrir a uno u
otro modo de entender el mismo fenómeno, lo que representa una enorme ventaja
de cálculo de la teoría.
La conjetura de Maldacena
Consideremos
un conjunto de D3-branas paralelas. Para cada par de ellas, ya lo dijimos
antes, es posible demostrar que el saldo neto de todas sus interacciones es
cero, es decir, ni se atraen ni se repelen. Esto se debe a que la atracción
gravitatoria entre las D3-branas se compensa con la repulsión debida a otros
campos ante los cuales están cargadas. Por lo tanto, podemos alejarlas o
acercarlas arbitrariamente, siempre respetando que se mantengan paralelas.
Podemos tener varios tipos de cuerdas en esta situación. Dentro de las
abiertas, estarán aquellas que tienen ambos extremos en una misma D3-brana,
pero también habrá cuerdas que tienen caída extremo en distintas D3-branas
(figura 2). Además, tendremos cuerdas cerradas que pueden viajar a través del
espacio transverso, alejándose de todas las D3-branas a la vez. Las cuerdas
abiertas pueden eventualmente cerrarse, si sus extremos se acercan hasta
tocarse, desprendiéndose. De igual modo, el proceso inverso en el que una
cuerda cerrada toca a una D3-brana y se engancha, separando sus extremos y
convirtiéndose en una cuerda abierta, también es posible.
Estos
procesos nos permiten deducir cuál es la teoría que describe este sistema de
cuerdas y D-branas.

Figura 2. Conjunto de D3-branas paralelas en el que se muestran las
distintas cuerdas abiertas.
En el nivel
más bajo de energía, las oscilaciones de las cuerdas que tienen sus extremos en
dos D3-branas distintas presentan, al estar Inexorablemente estiradas, estados
con una masa proporcional a su separación debido a la tensión de la cuerda.
Podemos aumentar o disminuir dicha masa, alejando o acercando las DO-branas.
Esto ya nos da una pista importante sobre el tipo de teoría que describe estas
oscilaciones, ya que no son muchas las posibilidades disponibles en la caja de
herramientas del físico teórico que sean compatibles con este extraño
comportamiento. Las cuerdas abiertas con extremos en una misma D3-brana, en
cambio, dan lugar a partículas sin masa, ya que pueden contraerse hasta tener
tamaño cero. Por último, las cuerdas cerradas que completan esta configuración
viajan libremente, por lo que se perciben como un espacio-tiempo plano
10-dimensional. Asimismo, las cuerdas abiertas y cerradas, en principio,
interactúan entre ellas.
Imaginemos
ahora que acercamos a todas las D3-branas (llamemos N al número de estas) hasta
colocarlas arbitrariamente cerca las unas de las otras, es decir, en el mismo
lugar del espacio. Son superficies geométricas sin grosor, por lo que esto es
posible. Lo único que habrá cambiado significativamente es el comportamiento de
aquellas partículas correspondientes a las vibraciones de las cuerdas que unían
a D3-branas distintas, que pasarán ahora a tener masa cero por estar juntas.
Esquemáticamente, podemos decir que la descripción de este sistema viene dada
por la siguiente expresión: donde la S quiere decir «Sistema». Esta ecuación es
una forma esquemática de indicar lo que se describe en el párrafo que la
precede. La teoría de cuerdas da cuenta de los tres términos de la expresión
anterior, siendo el último el más complejo.
Observemos
ahora al sistema anterior desde un punto de vista distinto. Las D3-branas son
hipersuperficies que tienen una tensión y, por lo tanto, una masa Su tamaño es
infinito, de modo que la masa es todo menos pequeña. El conjunto de D3-branas,
S = S cuerdas abiertas en N D3-branas + S cuerdas cerradas lejanas +
S interacción
entonces, pueda ser visto como un cuerpo pesado que deforma al
espacio-tiempo, como fruto de su enorme masa. Es posible, de hecho, utilizar
las ecuaciones de Einstein para determinar la geometría (la curvatura del
espacio-tiempo) que este sistema produce. La representación gráfica de lo que
ocurre con el espacio-tiempo 10-dimensional es complicada, pero podemos
simplificarla

Figura 3. El conjunto de D3-branas deforma el tejido
espacio-temporal debido a su masa. La dirección perpendicular representa, en
realidad, a seis dimensiones espaciales. Así como podríamos imaginar un espacio
tridimensional como el conjunto de todas las superficies esféricas posibles,
podemos representar las seis direcciones transversas como el de todas las
posibles esferas 5-dimensionales. Estas encierran N unidades de la «carga
eléctrica generalizada» que poseen las D3-branas.
Allí se
puede apreciar que el espacio-tiempo —representado como una superficie
reticulada, sufre una marcada hendidura en el sitio en el que se encuentran
superpuestas todas las D3-branas, pero con la particularidad de que lejos de
ellas es plano, ya que allí su influencia gravitatoria es desdeñable.
Cuando se
estudia el campo gravitacional, también el electromagnético generalizado,
producido por estos objetos, la forma correcta de hacerlo es, esquemáticamente,
eliminar a las D3-branas (por eso las representamos con línea de trazos) y
dejar en su lugar a los campos que generan. Así, al no tener D3-branas, nos
encontramos ante un sistema de cuerdas cerradas que se mueven en presencia de
la geometría y los campos electromagnéticos que aquellas provocaron. Al igual
que las partículas elementales tienen la carga eléctrica cuantizada, lo que
significa que solo puede tomar valores que sean múltiplos enteros de una carga
mínima, la mecánica cuántica impone a las D3-branas una forma de carga que está
repartida a lo largo de toda su extensión tridimensional, genera campos
parecidos al electromagnético y también está cuantizada.
Así como
pensamos que una carga eléctrica dada se debe a la presencia de cierta cantidad
de electrones, diremos que la configuración de D3-branas tiene carga N, para
indicar que su descripción microscópica está dada en términos de N D3-branas,
cada una de las cuales tiene una unidad de la carga fundamental. Hay que
recordar que existen seis direcciones transversas, debido a que el
espacio-tiempo tiene diez dimensiones mientras que las D3-branas dibujan una
estela de cuatro dimensiones al moverse en el tiempo, algo que no podemos
representar en un papel. Así como podríamos concebir un espacio tridimensional
como el conjunto de todas las superficies esféricas concéntricas posibles,
podemos representar a las seis direcciones transversas como el conjunto de
todas las posibles esferas 5-dimensionales. Estas encierran N unidades de la
«carga eléctrica generalizada» que poseen las D3-branas; por analogía con el
electromagnetismo se dice que las 5-esferas «encierran N unidades de flujo».
Es posible
descomponer el sistema de un modo parecido al que utilizamos más arriba cuando
lo analizamos desde el punto de vista en el que las D3-branas son
hipersuperficies en las que acaban las cuerdas abiertas. Ahora se nos presenta
una configuración que involucra solo cuerdas cerradas, pero en un
espacio-tiempo curvo. Esquemáticamente,
tenemos cuerdas cerradas que viven en el fondo de la hendidura (donde el campo
gravitatorio es intenso), otras que lo hacen muy lejos de esta y, por último,
está lo que llamaremos la interacción entre ambas, es decir, aquellas cuerdas
que tienen posibilidades de salir o entrar en la hendidura:
S = S cuerdas cerradas en hendidura & N flujos + S cuerdas
cerradas lejanas + S interacción
donde la S quiere decir, nuevamente, «Sistema». ¡Y se trata del
mismo sistema que antes! Lo único que hemos hecho es interpretarlo de otro
modo, analizándolo como lo haríamos con el Sol en el sistema solar, cuando toda
su presencia se resume en el campo gravitatorio que genera y dicta el
movimiento de los planetas. Si bien la interacción se refiere, en cada caso, a
cuerdas distintas en situaciones muy diferentes, es posible caracterizar estos
términos suficientemente como para damos cuenta de que, en el hipotético caso
de que la longitud de la cuerda fuera arbitrariamente pequeña, estos dos
términos también resultarían insignificantes. El cálculo que sustenta esta
afirmación había sido realizado por Igor Klebanov, pero fue Juan Martín
Maldacena quien se dio cuenta de las profundas consecuencias que esto conllevaba
si se complementaba con una suposición adicional: que el número de D3-branas es
enorme. Si consideramos que la longitud de la cuerda es muy pequeña, tomando la
aproximación en la cual es infinitamente pequeña, los sistemas se parecen cada
vez más a una de las antiguas teorías de partículas y campos, basadas en
objetos puntuales. En esta aproximación, la energía de los estados oscilatorios
de la cuerda se hace infinitamente grande y estos dejan de participar en la
dinámica del sistema; en la cuerda de una guitarra, esto se vería en un aumento
de la frecuencia al acortarla: en algún momento la nota resultante se hará tan
aguda que saldrá de nuestro rango auditivo, sin importar cuán amplio sea.
En la
descripción de cuerdas abiertas del sistema (véase la figura 2), considerar un
tamaño de las cuerdas arbitrariamente pequeño lleva a una serie de
simplificaciones en cada una de las tres partes en las que lo dividimos. La
teoría de cuerdas da un resultado muy preciso para la dinámica de las cuerdas
abiertas que tienen extremos en las N D3-branas. Se trata de una teoría muy
concreta: la teoría n = 4 SYM, prima cercana de la que se utiliza en el modelo
estándar. Es decir, la descripción de la dinámica de las D3-branas, en las
condiciones discutidas más arriba, está dada, formalmente, por ¡el mismo tipo
de teorías que describen la física de las partículas elementales!
Sin
embargo, el prefijo n = 4, como vimos, quiere decir que se trata de una
extensión de la teoría de Yang-Mills con la máxima supersimetría posible. Esto
nos aleja peligrosamente de la fenomenología: aún no se han encontrado indicios
de supersimetría en los aceleradores más energéticos que hemos construido y lo
que es seguro es que, de encontrarse, de ninguna manera habrá tanta. La teoría
n = 4 SYM es tan simétrica que incluso posee la simetría conforme que
discutimos anteriormente, lo que conlleva una prohibición taxativa de la
existencia de masa para las partículas. Esto constituye a priori un problema
importante ya que, aunque «de la misma clase» que la QCD, la teoría n = 4 SYM
parecería ser «demasiado simétrica» como para ser representativa de nuestro
universo físico. Existen otras teorías cuánticas de campos con simetría
conforme: a cada una de las cuales se la identifica con el apelativo de CFT
(del inglés Conformal Field Theory).
Aunque de
momento no parezca esperanzadora, quizá sea oportuno recordar un aspecto de la
teoría n = 4 SYM que ofrece un atractivo singular para los físicos teóricos: es
única; no es posible construir ninguna otra con los mismos ingredientes.
Tomemos esto como una motivación suficiente para seguir explorando lo que
resulta del sistema de la figura 2. La contribución de las cuerdas cerradas
lejanas se trivializa: con esto queremos decir que, si las cuerdas son pequeñas
y el número de D3-branas es muy grande, se puede demostrar que dichas cuerdas
no son más que gravitones que se pasean libremente por un espacio-tiempo plano.
Por último, y aquí aparece un aspecto clave del razonamiento que lleva a la
conjetura de Maldacena, las interacciones, el tercer y más complejo elemento
del sistema, se ven totalmente suprimidas.
El espacio-tiempo anti-de Sitter
El espacio
Anti-de Sitter (AdS) es un tipo de geometría que no le resultará familiar al lector.
Aunque se puede formular de manera matemática precisa y consistente sobré el
papel, sus propiedades se alejan mucho de la geometría euclídea a la que
estamos acostumbrados. Basta con decir que en el espacio AdS, infinito como
podría serlo el espacio cartesiano, un rayo de luz puede llegar al infinito y,
si se dispusiera allí un espejo, retornar al cabo de un lapso de tiempo. Si en
lugar de un rayo de luz lanzáramos una piedra, esta también regresaría al cabo
del mismo tiempo, como si se tratara de un bumerán, pero sin haber logrado
alcanzar el infinito, ya que eso le demandaría una energía ilimitada. En el
espacio AdS se pueden trazar Infinitas paralelas a una recta que pasen por un
punto ajeno a ella, algo que es imposible de lograr sobre el papel.
Infinita finitud
La
representación usual del espacio AdS es la del denominado disco de Poincaré. o
geometría de Lobachevski, que comparten muchas de sus extrañas propiedades.

El artista
neerlandés M.C. Escher realizó esta obra, Cielo e infierno, en 1960. Es el
cuarto y último grabado en madera de la serie Límite circular. Muchas de sus
obras parecen perseguir la captura del infinito, expresando una serie
indefinida de teselados dentro de un espacio finito, un ejemplo de geometría
hiperbólica, como el disco de Poincaré. Estas geometrías extrañas se asemejan a
algunos de los dibujos de Maurits Cornelis Escher, como el disco que alterna
demonios y ángeles, que se hacen pequeños e infinitos a medida que uno se
acerca a los bordes del disco (en la imagen). El disco es finito, pero los
demonios y ángeles se hacen cada vez más pequeños cerca del borde, de forma tal
que se acercan al límite cada vez más, pero siempre sintiéndolo infinitamente
lejos.
Así,
podemos sintetizar lo discutido hasta aquí indicando que, si suponemos que la
longitud de la cuerda es arbitrariamente pequeña y el número de D3-branas muy
grande, el sistema de la figura 2, se ve simplificado a:
S n = 4 SYM + S
gravitones libres
Es
interesante explorar lo que ocurre con la descripción de cuerdas cerradas del
sistema cuando consideramos el mismo límite. Recordemos que estas se mueven en
una geometría muy concreta que se muestra esquemáticamente en la figura 3. En
este caso es bastante más sencillo indicar lo que ocurre: el límite estrecha la
hendidura y la hace muy profunda Como resultado, las pequeñas cuerdas cerradas
quedan atrapadas en el fondo y la probabilidad de que una de ellas emerja de la
hendidura es nula, lo mismo que aquella que contabiliza la posibilidad de que
una cuerda cerrada que está fuera se interne en una hendidura en la que, para
decirlo coloquialmente, no cabe. Esto quiere decir que el último término, el
término de interacción, desaparece completamente.
El primer
término describe a las pequeñas cuerdas cerradas que se mueven en una hendidura
profunda, la cual adopta una forma muy precisa: la geometría resultante se
conoce como «espacio Anti-de Sitter (AdS) en cinco dimensiones». En realidad,
el espacio-tiempo tiene, como ya sabemos, diez dimensiones, pero en este caso
ocurre una simplificación afortunada: las otras cinco dimensiones constituyen
una sencilla esfera (¡cinco-dimensional!). Esta esfera dejará huellas en la
física del sistema y es depositaría de una pieza relevante de información.
Recordemos que la configuración estaba caracterizada por un número natural, N,
que indicaba el número de D3-branas y que, según la aproximación propuesta por
Maldacena, es muy grande. Pues bien, este número persiste en las N unidades de
carga encerradas por la 5-esfera.
Por último,
las pequeñas cuerdas cerradas lejanas ven una geometría plana, ya que toda la
curvatura se ciñe a la pequeña región en la que se extiende la hendidura. De
modo que, con estas simplificaciones, el sistema resulta
S = S gravedad en AdS & N flujos + S gravitones libres
donde es importante remarcar que el primer término corresponde a
una teoría de gravedad supersimétrica muy concreta llamada Tipo IIB, que se
obtiene de la teoría de cuerdas homónima en el régimen de bajas energías. Pero
estos dos sistemas, a pesar del disímil aspecto que presentan, ¡son el mismo!
Son dos descripciones alternativas de un mismo conjunto de N D3-branas planas.
Por tanto, podemos igualar las dos últimas expresiones de S y, tras cancelar el
segundo sumando del miembro derecho, que en ambos casos corresponde a pequeñas
cuerdas cerradas libres en un espacio-tiempo plano, llegamos a la sorprendente
igualdad
S gravedad en AdS & N flujos = S n = 4 SYM
a la que llamaremos, críptica pero significativamente,
AdS = CFT
Esta
maravillosa ecuación, conocida como la conjetura de Maldacena, cuyas
consecuencias explicaré a continuación, es una de las más extraordinarias que
se hayan escrito jamás. AdS es una forma económica de escribir «Supergravedad
Tipo IIB en AdS5 × S5 con N unidades de
flujo». Esta es una teoría cuántica por construcción —más estrictamente, lo es
la teoría de cuerdas tipo IIB: la supergravedad aparece aquí porque estamos
trabajando en el límite de cuerdas muy pequeñas y N es un número
arbitrariamente grande. Haber conseguido una ecuación en la que en uno de los
lados del signo igual se halla una teoría cuántica de la gravedad es un hito
extraordinario; un objetivo perseguido durante nueve décadas. Nadie había
imaginado, ¡eso sí!, el exotismo de lo que estaría al otro lado del signo igual,
algo tan distinto en apariencia: una teoría cuántica de campos con simetría
conforme ¡en una dimensión menos! Esto último, el hecho de que la gravedad
cuántica pueda describirse haciendo uso de menos dimensiones espaciales, es lo
que le da carta de naturaleza holográfica a la también denominada
correspondencia AdS/CFT.
Desde la
aparición de la conjetura de Maldacena, el 27 de noviembre de 1997, los
trabajos que la han estudiado, puesto a prueba, generalizado y, en general,
investigado, se cuentan por miles. Describiré algunos resultados obtenidos a
partir de esta conjetura y su rol en el contexto de la teoría de cuerdas.
Una nueva mirada sobre una vieja imagen
La
conjetura de Maldacena proporcionó una nueva mirada sobre antiguos problemas
que se remontan a la mismísima génesis de la teoría de cuerdas. Las
investigaciones basadas en las ideas fundacionales de Veneziano presuponían
implícitamente que las cuerdas eran las responsables de mantener juntos a los
quarks; más específicamente, al par quark-antiquark que constituye un mesón. La
propia QCD explica que el confinamiento de los quarks es mediado por una suerte
de campo electromagnético generalizado: el campo fuerte, cuyas líneas de
fuerza, a diferencia de lo que ocurre con las del electromagnetismo, que se
esparcen como las púas de un erizo, como podemos comprobar con un imán y un
puñado de limaduras de hierro, se concentran como si formaran un cordón
deshilachado que mantiene juntos a los quarks.
Durante
mucho tiempo se pensó que, de alguna manera aún por determinar, ese cordón era
el objeto descrito por la teoría de cuerdas. Sin embargo, el hecho de que
tuviera un ancho característico, una escala de longitud asociada, contradecía
al espesor nulo de la cuerda fundamental. La existencia de una quinta dimensión
holográfica, es decir, que es perpendicular a las dimensiones de la teoría CFT,
da cumplida respuesta a este punto. Una cuerda sin espesor que se adentra en la
quinta dimensión llegando hasta un punto y regresando a la frontera adquiere
necesariamente una escala: la que le proporciona la profundidad de penetración
(figura 4). El grosor del cordón que mantiene unidos al quark y al antiquark
es, por así decirlo, la «sombra holográfica» de esa profundidad.
El lector
seguramente se siente en este punto escéptico y desconcertado por la existencia
de la dimensión holográfica. Sin embargo, cederá más fácilmente si se presenta
el resultado de Maldacena desde otro punto de vista.

Figura 4. Un quark y un antiquark que, unidos, forman un mesón (un
ejemplo conocido son los piones que se generan en la atmósfera debido a los
rayos cósmicos). Según la teoría QCD, el par quark-antiquark se mantiene unido
debido a los gluones que dan entidad a las líneas de campo fuerte,
representadas aquí por las flechas. Debido a la presencia de la dimensión
holográfica, los gluones aparecen como «sombras platónicas» de una cuerda
fundamental que se extiende en esa dimensión extra y a la que los quarks y
antiquarks, extremos de la cuerda, no pueden acceder. El ancho del cordón
fuerte viene dictado por la profundidad de penetración en la dimensión
holográfica, Z*.
Así como se
puede argumentar que Einstein extendió las dimensiones del universo de tres a
cuatro al incorporar al tiempo, pasando del espacio al espacio-tiempo, podríamos
afirmar que Maldacena descubrió que, a nivel cuántico, la energía se incorpora
de una manera muy especial al espacio-tiempo para dar lugar a un ente
5-dimensional en el que las ecuaciones de la física son más sencillas y adoptan
un «sentido superador». Con esto queremos decir lo siguiente: Uno podría
insistir en mantener separado al espacio del tiempo en la teoría de la
relatividad y formular en ese escenario las ecuaciones. Esto es, desde luego,
posible. Lo único que conseguiríamos en tal caso sería un formalismo en
apariencia más complejo y, desde luego, bastante menos elegante. Decidir
incluir al tiempo junto a las dimensiones del espacio, al margen de sus
implicaciones conceptuales, se puede pensar como una opción adecuada para que
la teoría adopte una forma más simple. Pero una vez que se realiza esta
inclusión, la noción de espacio-tiempo funciona como una puerta abierta a
nuevas ideas, superadoras, que eran difícilmente apreciables con el formalismo
anterior. El salto conceptual puede pensarse como el regocijando clic que hacen
dos piezas al encajar perfectamente.
Lo mismo
puede decirse de la inclusión de la «dimensión energía». Aunque no estemos
obligados a hacerlo, si la incorporamos a las del espacio-tiempo en una teoría
y nos adentramos en el régimen no-perturbativo de esta, comprobaremos que el
espacio-tiempo-energía adquiere un nuevo sentido, superador. Lo que nos dice la
conjetura de Maldacena es que la física de un sistema semejante «debe» ser
pensada en términos completamente distintos. De alguna manera, la lección es
que las descripciones de los fenómenos físicos, tales como la gravedad o las
interacciones nucleares, en distintos regímenes pueden venir dadas por
representaciones espacio-temporales muy diferentes. Mientras que en numerosas
ocasiones la descripción adecuada de un fenómeno parece ser la brindada por un
espacio-tiempo 4-dimensional como el que se considera en la física de
partículas, en otras nos encontramos con fenómenos, acaso correspondientes a la
misma fuerza poro en un régimen distinto, cuya descripción resulta más
iluminadora en términos de una teoría en un espacio-tiempo 5-dimensional, o
10-dimensional.
Así, la
idea de dimensionalidad como un absoluto se desdibuja y, con ella, la imagen
que hasta el momento teníamos de aquello que llamamos espacio-tiempo.

Figura 5. Representación esquemática del universo holográfico de la
conjetura de Maldacena. En el interior del círculo hay una teoría cuántica de
la gravedad, cuya descripción holográfica reside en la circunferencia que
define la frontera. Alternativamente, si ponemos el foco en la frontera, cuando
la teoría que vive allí está en el régimen no-perturbativo, su descripción más
apropiada está dada en términos de una teoría de gravedad ordinaria que vive en
el Interior del espacio-tiempo 5-dimensional.
Un fenómeno
como la interacción nuclear puede ser 4-dimensional en un régimen (cuando los
quarks se mueven muy rápido unos respecto a los otros), mientras que deviene
10-dimensional en el régimen opuesto (cuando los quarks se encuentran cerca y
se mueven solidarios unos con los otros). Una representación gráfica que
permite entender mejor la naturaleza holográfica de la conjetura de Maldacena
es la que brinda la figura 5. En ella no se incluye la 5-esfera y, a efectos de
que se pueda representar en las dos dimensiones del papel, solo se muestra la
dimensión holográfica (la dirección radial del círculo) y una de las cuatro que
nuestra realidad sensorial percibe (la dirección angular). Podemos pensar que
la física fundamentad, la química y la biología, acontecen en el borde del
círculo, que, insistimos, es 4-dimensional, mientras que la dirección radial
que nos lleva a su interior solo puede ser explorada por cuerdas con extremos
en el borde, tal como aquellas responsables de mantener a la pareja
quark-antiquark en el interior de los mesones, como se muestra en la figura, o
por cuerdas cerradas que se aventuran hacia el interior de la geometría.
El uso
fenomenológico de la conjetura de Maldacena ha proporcionado algunos resultados
interesantes. Mencionaré solo uno, a manera de ejemplo. Si bien las teorías n =
4 SYM y QCD encierran diferencias cualitativas, ambas se asemejan notablemente
cuando entra en juego la temperatura. El ejemplo paradigmático de un sistema
conformado por quarks y gluones a alta temperatura es el denominado «plasma de
quarks y gluones», un estado de la materia que pudo ser generado
experimentalmente en el año 2000 mediante la colisión muy energética de iones
pesados (oro, en el caso del experimento estadounidense RHIC (Relativistic
Heavy Ion Collider, ubicado en el Laboratorio Nacional de Brookhaven, en Upton,
Nueva York), y plomo, en el más reciente experimento europeo, Alice, que se
realiza utilizando las instalaciones del LHC). En estos experimentos se hacen
chocar los núcleos de frente —cada uno de los cuales tiene unos 200 nucleones
en su interior— que viajan prácticamente a la velocidad de la luz; así, en
lugar de tener una colisión nucleón-nucleón, se tiene un choque colectivo en el
que la energía depositada por los numerosos participantes es mucho mayor. Esto
produce una pequeña región del espacio con forma de almendra, la razón es
meramente geométrica (figura 6), en la que la temperatura resulta casi un
millón de veces la del núcleo del Sol; la misma que tuvo el universo cuando su
edad rondaba la millonésima de segundo.
Semejante
«caldera» pone a disposición de cada uno de los quarks y gluones que se
encuentran allí una enorme cantidad de energía. La teoría QCD dictamina que los
quarks y gluones se comportan como si estuvieran libres de toda interacción a
energías «suficientemente» altas. La expectativa, pues, era observar en estos
experimentos algo parecido a un plasma gaseoso de quarks y gluones que, tras la
colisión, salieran despedidos en todas las direcciones por igual: si su
interacción es nula o muy pequeña, cada partícula saldría en alguna dirección
aleatoria, independiente de las demás, por lo que los detectores no
registrarían indicios de la asimetría geométrica de la región de interacción
desde la que partieron.

Figura 6. Dos núcleos pesados que colisionan a muy altas energías
(su forma se distorsiona por el fenómeno de contracción relativista a lo largo
de la dirección del movimiento), lo hacen en una reglón con forma de almendra
en la que se deposita la energía de la colisión. Los resultados experimentales
indican que la colección de quarks y gluones en esa región, a muy alta
temperatura, se comporta como un fluido de muy baja viscosidad.
Lo que se
observa en los experimentos dista mucho de esto. La asimetría persiste en los
detectores, como si el plasma de quarks y gluones fuera más bien un líquido
fuertemente interactuante y ¡de bajísima viscosidad! Al mismo tiempo que los
físicos de partícula» encontraban grandes dificultados para reproducir desde la
teoría este extraño e inesperado comportamiento de la materia, Giuseppe
Policastro, Dam Thanh Son y Andrei Starinets hicieron uso de la conjetura de
Maldacena para acometerlo, amparados en el hecho de que a altas temperaturas
las teorías n = 4 SYM y QCD tienen unos cuantos parecidos, y el régimen
no-perturbativo del problema justifica abordarlo dejando por un momento nuestro
universo 4-dimensional para sumergirnos en la quinta dimensión holográfica.
El valor
que obtuvieron para la viscosidad era compatible con los resultados
experimentales, y más tarde se demostró que tenía cierto grado de
universalidad. En la misma línea, la conjetura de Maldacena ha sido utilizada
también con éxito razonable paira describir otros sistemas fuertemente
acoplados (es decir, en el régimen no-perturbativo); por ejemplo, en física del
estado sólido o en sistemas de átomos fríos. Ha servido también para realizar
valiosos aportes al cálculo de la entropía de entrelazamiento de diversos
sistemas, cantidad relevante en el dominio de la llamada teoría de la
información cuántica. Hablar sobre ello sería material paira otro libro.
Alcanza con señalar aquí, como frívolo pero contundente indicador de su
relevancia y potencial, que el trabajo original de Maldacena es el más citado
del que se tenga registro en la historia de la física de las interacciones
fundamentales.
Hacia una teoría cuántica de la gravitación
Pero la
conjetura de Maldacena también sirve para describir los diferentes regímenes
(incluyendo el cuántico) de la fuerza gravitatoria. En este sentido, sus
aplicaciones a la teoría de los quarks podrían clasificarse como las de una
poderosa herramienta conceptual y de cálculo, pero casi irrelevantes frente a la
presunción de ser la portadora del primer marco teórico explícito en el que
conviven la teoría de la relatividad general y la mecánica cuántica. Una de las
consecuencia» casi inmediatas de la conjetura de Maldacena en el contexto de la
interacción gravitacional tiene que ver con la paradoja de la información de
los agujeros negros, formulada hace cuarenta años por Stephen Hawking. Si la
dinámica cuántica de un agujero negro (al menos en un espacio-tiempo Anti-de
Sitter) está descrita holográficamente por una teoría ordinaria en la frontera
del espacio, tal como la ecuación AdS = CFT sugiere, y dado que la segunda de
estas teorías se sabe perfectamente «unitaria», es decir, que preserva la
cantidad de información, entonces también la primera deberá serlo. El proceso
de evaporación de los agujeros negros, inexorablemente, deberá corresponder a
un proceso unitario: lo que equivale a decir que la información atrapada en
esos astros no se pierde sino que, de alguna manera abstrusa y no del todo
comprendida, es preservada.
El truco de
recurrir a la descripción dual en la frontera y responder así a interrogantes
que necesariamente conducen a la naturaleza cuántica que el espacio-tiempo
alberga a escalas microscópicas —como la termodinámica de los agujeros negros—
se ha convertido en una herramienta estándar. Nunca antes se dispuso de una
propuesta tan concreta para una teoría cuántica de la gravedad. Tampoco se
contaba con la posibilidad de utilizarla para poner a prueba aquellos aspectos
conceptuales que resultan confusos. La conjetura de Maldacena se ha convertido
en una disciplina en sí misma. Su propio estatus conjetural hace que, por así
decirlo, no esté totalmente claro cuál es su alcance. En los años recientes se
ha ensayado extender el dominio de esta técnica a los más diversos rincones de
la física, desde los sistemas de materia condensada similares a los que
controlamos en los laboratorios hasta la cosmología del universo temprano,
desde la superconductividad hasta el universo inflacionario. Los más conservadores
podrían pensar que, de ser correcta, la conjetura solo se aplicaría al ejemplo
brindado por las D3-branas que obtuvo inicialmente Maldacena. Sin embargo, dado
que en ese ejemplo lo que subyace es la dualidad entre cuerdas abiertas y
cerradas para describir un mismo sistema, parece razonable extender el rango de
validez a cualquier conjunto de Dp-branas.
Esto es
mucho más importante que un mero ejercicio académico, ya que es posible
reproducir una fenomenología compatible con la de nuestro universo 4-dimensional
utilizando configuraciones de Dp-branas de diversa dimensionalidad, a través de
sus intersecciones y compactificaciones en las dimensiones extra, por ejemplo,
una D5-brana enrollada en una esfera pequeña luce como una teoría en cuatro
dimensiones a escalas mayores que el radio de la esfera. Con estos escenarios
se puede dar cuenta del modelo estándar y se desprenden genéricamente algunas
consecuencias interesantes como la existencia de partículas de mayor masa que
podrían ser encontradas en el LHC próximamente.
¿Qué lugar
ocupará la teoría de cuerdas dentro de un siglo? Pocas dudas caben que en las
matemáticas persistirá su importancia e interés, habiéndose garantizado con
numerosos resultados en campos como la topología y la geometría un sitio
permanente en su bibliografía. En física la respuesta es algo más incierta.
Michael Atiyaih, uno de los matemáticos más importantes del siglo XX y cuyo
trabajo se desarrolló siempre en la frontera entre ambas disciplinas, dice que
«los matemáticos somos como los abogados: nuestro cliente puede ganar o perder,
nosotros siempre ganamos». Pero en una ciencia natural como la física no hay
garantías. Es cierto que los más grandes físicos de finales del siglo XIX,
incluyendo al padre de la teoría electromagnética, James Clerk Maxwell,
dedicaron parte de su vida a entender la compleja dinámica del éter, para que
pocos años después se demostrara su inexistencia y todo su formidable trabajo
quedara en el olvido. Pero no lo es menos que las ideas de los sabios griegos
Leucipo y Demócrito, tras quedar sepultadas por casi dos mil años, fueron
reivindicadas por la ciencia. Hoy es imposible predecir si la teoría de cuerdas
tendrá el destino del éter o del átomo. Sabrá comprender el lector que
alberguemos una tímida y secreta esperanza de que acontezca lo segundo.
Se puede
ponderar una teoría por las respuestas que brinda pero también por la calidad
de los interrogantes que abre. Muchas de las preguntas que generó la teoría de
cuerdas eran inimaginables antes de su formulación e impregnaron de valiosas
ideas a las más diversas áreas de la física teórica. Si tuviéramos la certeza
absoluta acerca de los caminos que debemos seguir para explorar lo desconocido,
si la física no fuera un puzzle de solución incierta, no lo llamaríamos
investigación.
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